La localidad de Aliaga, situada en la comarca de Cuencas Mineras, ha inaugurado su primera casa de infancia, un espacio diseñado para atender a niños de 0 a 3 años y facilitar la conciliación laboral y familiar en el medio rural. Este recurso, financiado por el Gobierno de Aragón con una subvención de 70.000 euros, abrió sus puertas el pasado 8 de enero. Actualmente, cinco niños, cuatro de Aliaga y uno de la vecina Miravete de la Sierra, ya se benefician del servicio.
Esta iniciativa forma parte de un ambicioso plan autonómico que contempla la creación de 14 casas de infancia: siete en Huesca, seis en Teruel y una en Zaragoza. En la provincia de Teruel, Aliaga se suma a otras localidades como Monforte de Moyuela, ya operativa, y Báguena, Linares de Mora, Escorihuela y Alfambra, que se encuentran en distintas fases de desarrollo.
Servicios ofrecidos y organización del centro
Ubicada en el antiguo consultorio médico de Aliaga, la casa de infancia ha sido reformada para incluir una sala de juegos, un comedor y zonas de descanso. El servicio funciona de 8:00 a 15:00 horas y cuenta con el programa de madrugadores desde primera hora, pensado para familias con jornadas laborales tempranas.
El centro está a cargo de Sonia Marzo, maestra de educación que reside en Cuevas de Almudén. Marzo asegura que la atención personalizada que permite un grupo reducido es clave para ofrecer un cuidado de calidad. «Trabajar con los niños en este entorno cercano es muy enriquecedor, y ellos se adaptan rápido a las actividades que proponemos», señala.
El servicio no incluye alimentos, que son aportados por las familias, pero cubre todas las necesidades básicas, como higiene, administración de comidas, actividades lúdicas y talleres para potenciar la socialización. Aunque el acceso es gratuito, las familias pagan 50 euros al mes para materiales consumibles. Según el alcalde de Aliaga, Alberto Valero, este modelo fue consensuado con los padres para garantizar la sostenibilidad del servicio.
Un impulso para la conciliación
Antes de la apertura de la casa de infancia, muchas familias del municipio se veían obligadas a desplazarse más de 20 kilómetros para llevar a sus hijos a guarderías en localidades cercanas como Mezquita de Jarque. Valero destaca que este recurso no solo mejora la vida diaria de las familias, sino que también es una herramienta para atraer y fijar población en Aliaga. «Tener servicios como este es fundamental para que más familias jóvenes decidan quedarse o mudarse al pueblo», subraya.
Las madres que ya hacen uso del servicio valoran especialmente la tranquilidad que aporta contar con un recurso cercano. Eva Buj, madre de una de las niñas, explica que antes de la apertura se veía obligada a turnarse las vacaciones con su pareja para cuidar a su hija. Ahora, asegura, la rutina es más sencilla. «Lúa está más sociable y nosotros trabajamos más tranquilos sabiendo que está bien atendida», afirma.
Por su parte, Inma Sánchez, madre de Celia, recalca la importancia de que los niños puedan relacionarse con otros desde pequeños. «Es esencial que estén con otros niños y tengan acceso a actividades que estimulen su desarrollo. Además, saber que están en manos de una profesional como Sonia nos da mucha confianza», comenta.
Una apuesta por la repoblación
La apertura de la casa de infancia no solo facilita la conciliación, sino que también se enmarca en una estrategia más amplia para combatir la despoblación en el medio rural. «Tener servicios como este, junto a vivienda asequible y oportunidades laborales, hace que más gente considere mudarse o quedarse en Aliaga», explica el primer edil.
El Gobierno de Aragón también apunta en esta dirección. Eva Fortea asegura que las casas de infancia son un recurso pensado específicamente para los pequeños municipios rurales, donde los servicios de conciliación suelen ser limitados o inexistentes. «Estas iniciativas no solo benefician a las familias, sino que también fijan población y generan empleo, contribuyendo al desarrollo local», detalla.
En Aliaga, la casa de infancia ya es vista como un pilar para asegurar el futuro del municipio. Fortea subraya que el objetivo no es solo ofrecer un recurso inmediato, sino crear un modelo sostenible que permita que los pueblos pequeños sigan siendo habitables. «Es un servicio que mejora la calidad de vida y da esperanza a los habitantes del medio rural», concluye.







