La ya inexistente central térmica de Andorra dejó de funcionar hace ya cinco años, pero su huella permanece presente todavía en el territorio. Ese mismo sentimiento es el que ha guiado el trabajo de
Marco Marín y tres compañeros más del programa experiencial de jardinería y forestal de nivel 1, impulsado por el Ayuntamiento de Andorra y financiado por el INAEM. Durante semanas, colaboraron en la construcción de un pequeño monumento en el entorno de San Macario, por la subida de la
carretera, que hace homenaje a la central.
Aunque el programa está concebido para labores de conservación y regeneración forestal, este encargo especial fue asumido con entusiasmo por parte del alumnado, que lo vivió como una forma de reparación simbólica. Durante varias semanas el proyecto estuvo clasificado como "secreto", hasta que, Julio Villanueva, jefe de la brigada y persona que ideó el proyecto, recibió el visto bueno de Rafa Guía, alcalde del municipio.
La intervención ha requerido entre 7 y 10 jornadas laborales completas. Cuatro alumnos y el director del programa trabajaron desde el primer picado de suelo para la base hasta el desmoldeo de las piezas el pasado viernes 5 de septiembre. Parte del proceso contó con la colaboración de la brigada municipal, especialmente en el encofrado y el vertido del hormigón.

Aunque la obra no está terminada del todo, ya que queda pintar franjas blancas y rojas en la torre alta e instalar una cinta transportadora entre los grupos y las chimeneas bajas, ya se han convertido en un pequeño símbolo de resistencia y memoria. Se baraja recrear otras partes icónicas de la central, como la zona de carboneo, limpieza o el lago de ceniza.
Un legado en hormigón
Para Marín y muchas otras personas de Andorra y municipios vecinos, la demolición de la central no solo supuso un impacto económico, sino también emocional y territorial. "Yo mismo probablemente no habría crecido aquí si mi padre no hubiera trabajado en la central. Y como yo, muchísimos otros", ha explicado Marín.
El joven ha apuntado que el cierre de la central no solo supuso una pérdida de empleo, también de identidad: "Nos han quitado un trabajo, un esfuerzo, un símbolo, un futuro y unos panes en bastantes casas. A cambio, nos queda un recuerdo cada día más vago de lo que fue la central térmica y Andorra en sí misma".

Aunque se mantiene expectante ante futuros proyectos, también reconoce que, por el momento, lo único tangible que queda es este pequeño homenaje que han levantado entre unos pocos: "Lo único que tenemos ahora es este recuerdo que hemos construido como símbolo de lo que alguna vez estuvo. Sobre todo de cara a las generaciones venideras que jamás la conocerán", ha añadido.
Desde lo alto, la central era visible incluso desde Loarre en días despejados. Hoy, donde antes se elevaban chimeneas, se extienden placas fotovoltaicas. Pero el testimonio de Marín es claro: «El hecho de que podías verla desde Loarre un día despejado habla por sí mismo, ya que prácticamente desde cualquier punto un poco elevado de Aragón podías verla, más lejos o más cerca, fuera de día o de noche. Las placas no están ni cerca de aportar la misma carga de trabajo que ofrecía la central. Personalmente, me molesta mucho que se nos haya abandonado así. Casi diría que con cierta mofa», ha concluido el joven, que insiste en que múltiples políticos han visitado la zona sin ningún éxito, resultado ni intención.
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