¿Cómo se ha afrontado en el IAM esta semana que es clave aunque cada día es para reflexionar?
Tenemos que hacer un énfasis alrededor de esta fecha pero nos tiene que hacer pensar en lo importante que es no bajar la guardia y seguir atentos. El lema del IAM de este 25-N es ‘En tu entorno pasa’. La violencia contra la mujer dura, lamentablemente, los 365 días del año y hay que estar alerta.
También se hace hincapié siempre en que el entorno denuncie. ¿Eso pasa o debería pasar más?
Pasa, pero debería pasar más. Tenemos que ser conscientes de que los recursos que hay a disposición no solamente están dirigidos a las víctimas, están dirigidos a todos y cada uno de nosotros. Al teléfono 900 podemos llamar todos y trasladar a los profesionales que lo atienden lo que hemos visto o lo que ha ocurrido. Por eso los datos que arroja esta línea durante los nueve primeros meses dan un incremento de un 17% en las llamadas.
¿Cómo lo valora?
Es un claro reflejo de que la violencia contra la mujer no es un problema de las víctimas, sino de que es uno de los principales problemas que tenemos como sociedad. El IAM cumple 30 años. En los inicios las mujeres vivían esta violencia con vergüenza, había mucha más dependencia económica, menos servicios y muchísima menos concienciación en la población. Hoy tenemos muchísimos servicios de atención y de protección, muchísima más concienciación social y mayor conocimiento de los recursos. Sabemos que podemos llamar, que nos van a atender y que nos van a dar solución ya sea atención psicológica, jurídica o asesoría laboral. Para dar el paso de salir tienes que saber que hay alguien detrás y que hay recursos. Los datos están ahí y hay aumento, pero hay que ver lo que se ha mejorado.
Puede ser que haya más violencia o que se denuncie más.
Hay que verlo todo en conjunto y ver que tenemos un problema serio a nivel, sobre todo de educación. Si seguimos teniendo todas estas llamadas y atenciones es porque hay mujeres que sufren violencia. Hay que hacer una labor de educación en el ámbito educativo pero también en todos los ámbitos de la vida como el familiar y social. Aunque insisto, hay que recordar y dar a conocer los avances, y ahí entran los medios de comunicación, porque las mujeres que sufren violencia deben saber que cuentan con ayuda.
¿Qué papel juegan las comarcas en el medio rural?
Son fundamentales. El IAM está en Zaragoza, Huesca y Teruel pero sin las comarcas habría muchísimos menos servicios por las propias características geográficas. Nos apoyamos en ellas, que hacen sensibilización y formación, atención psicológica, social y educativa. Hay una inversión en los programas del IAM de unos 2 millones de euros anuales. Las mesas de coordinación entre profesionales del IAM y comarcas también son herramientas muy importantes para que la red de protección funcione. La coordinación entre instituciones es muy necesaria.
En un año de cambios gubernamentales y en la dirección del IAM, ¿qué líneas van a seguir?
Seguir reforzando todo lo que podamos en atención a las mujeres víctimas de cualquier tipo de violencia machista, ese es el principal objetivo. También aumentar la colaboración con las comarcas o con entidades locales, y queremos reforzar los recursos habitacionales para mujeres víctimas de violencias. Si das el paso y no tienes una red familiar, necesitas que en este caso el IAM del Gobierno de Aragón sea el que se responsabilice de buscar esas alternativas habitacionales. En 2024 además se pondrán en marcha los centros de crisis 24 horas para víctimas de agresiones sexuales. Son tres nuevos espacios en Zaragoza, en Huesca y en Teruel para las tres provincias. Serán un recurso fundamental para que todas las víctimas de agresiones sexuales vean que tienen donde ir y que recibirán atención psicológica, social y jurídica.
Este fin de semana se celebran muchos actos, pero hay que seguir.
Hay que continuar adelante dando la batalla y, sobre todo, generando un movimiento de rechazo social a los maltratadores y a los agresores. Eso es clave. Tienen que ser el foco en el que orientar lo que queremos: rechazo y condena a los maltratadores y agresores.







