Ese olor tan suyo y característico a tomillo y romero que desprende la plaza de España de Alcañiz al terminar la procesión del Silencio del Jueves Santo esconde detrás una larga historia a la que es difícil ponerle una fecha de inicio. Se cree que la elección de estas dos plantas aromáticas corresponde a la vinculación del Silencio con el campo porque antes eran los agricultores los encargados de portar al Cristo.
Su recogida se convierte en una jornada de convivencia que ha ido ganando protagonismo entre los más jóvenes y que suele coincidir, como ha pasado este 2026, con el sábado antes del Domingo de Ramos. Anteriormente, la junta solicita permiso al Gobierno de Aragón para arrancar tomillo en una parcela de alrededor del pueblo. Cuando ya lo tienen, ese sábado se dirigen organizados en sus propios medios y empiezan a recogerlo.

Calculan que aproximadamente necesitan 20 sacos para llenar toda la plaza. «Intentamos que no se corte el tomillo muy alto porque como se extiende por el suelo, con las túnicas, los pasos y la banda podrían tropezar. También por respecto a la naturaleza para que crezca para el año siguiente», explica Carlos Villanueva, presidente de la Hermandad del Silencio.
Lo guardan todo en la cochera a la espera de la llegada del Jueves Santo. Ese día se dejan los sacos preparados en la puerta de la Excolegiata y una cuadrilla de voluntarios son los encargados de repartirlo por la plaza, justo en el momento exacto que la procesión empieza a asomar. «Están siempre ahí y son esas personas que sin ellas el final de la procesión no sería el mismo», reconoce «Lo hacen sin recibir nada a cambio y no podemos estar más agradecidos», confiesa.







