A destajo y rascando horas al reloj, las mujeres de la Asociación de Amas de Casa Santa María de Samper de Calanda han ido dando lo mejor de sí mismas para reparar las telas que revisten pasos e imágenes. El fin es que la Semana Santa luzca más si cabe en los pequeños detalles. Esta labor la van desempeñando desde que el año pasado la junta de la Cofradía del Calvario lanzase la petición casi de socorro. Había que dar un repaso a faldones y sayas pero, ¿a quién pedírselo? Recurrieron a ellas confiando en su buen hacer en todo y también en el campo de costura. «Entre las generaciones más jóvenes no cosemos, esa es la realidad. Así que la otra opción era ir a una tienda en Zaragoza o en donde sea porque tampoco hay muchos sitios donde se hagan estas cosas», dice Laura Igado, de la junta del Calvario. «Y no hablamos del precio, porque o tienen que venir a medir aquí sobre las mismas peanas… o no sé», añade.
Son muchas dudas que comparten las mujeres que aceptaron el reto ya el año pasado. Entonces repararon faldones del paso de La Burrica. Este año se han centrado en rematar detalles pendientes de ese mismo paso y de comenzar a repasar los de la Virgen Dolorosa. «Poco a poco», ríen. Efectivamente, lo primero que hicieron fue subir a la ermita para tomar las medidas a las peanas. Hubo que comprar telas o reutilizar todo lo que se pudo, ya que hay telas muy antiguas, y ponerse a coser. «Van quedando pocas casas de costura en general y que hagan estos encargos, muchas menos», apuntan. «Si se trata de túnicas, terceroles y capirotes, eso ya se complica mucho más. En Zaragoza este sector va en declive y por estas comarcas aún queda gente que cose pero muy poca y no hay mucho futuro si no cambia la tendencia», debaten mientras van «metiendo tijera».
Son pasos sobre ruedas, por lo que a la hora de confeccionar los faldones hay que tener en cuenta el hueco para los palos que empujan. Los delanteros son los que permiten girara, algo también a contemplar. La capitana es Emilia Ibáñez, quien ha dedicado toda su vida laboral a la costura. La destreza con las tijeras y el metro de modista sumado la «ausencia de miedo» para cortar, la delatan. «Ella nos va diciendo y vamos haciendo», apuntan las demás. Gemma Martín, Rosa Espallargas, Sara Fandos, Teresa Fandos, Esmeralda Lucea, Lourdes Gracia y Mari Carmen Sevil dedican el tiempo que pueden para sacar el encargo.
Este año, desde finales de febrero, se han ido reuniendo las mañanas de los sábados en el local de la plaza del Ayuntamiento. Allí han ultimado intervenciones en sayas, forros y también detalles como los bordones en dorado que penden de las esquinas del paso de La Burrica. Algunos tienen el arreglo sencillo con unas puntadas pero para otros hay que buscar reemplazo. «Y no es fácil encontrarlos iguales», señalan.
Para casa también se llevaron tarea, porque este año se han renovado galas del cuerpo de Alabarderos a las que hay que colocar detalles como los flecos. «Esto lo hacemos entre semana porque ya no se necesita tanta precisión de medidas», comentan. Aseguran que todo lo hacen por amor y contribución a la Semana Santa de su pueblo, algo que «sale entre la aportación de todos». Pero dejan el recado: «Estaremos mientras podamos, pero veremos qué futuro viene».












