No se sabe muy bien si ha sido por suerte o por una serie de casualidades que se han unido de la manera más adecuada, pero Bashir ha encontrado en Andorra un lugar perfecto donde pasar su verano y en Vanesa Cañete, una segunda madre que le ofrece amor y cuidados durante la época estival. Esto es así porque el pequeño de nueve años -casi diez que llegarán el próximo mes de octubre- se encontró con que la familia de verano con la que ya se había quedado los dos últimos años no podía hacerse cargo de él. Una circunstancia que, gracias al destino, a la casualidad o a la suerte se hizo realidad justo a la vez que Vanesa y su familia tomaron la decisión de acoger a un niño saharaui. Apenas dos semanas después de su llegada, las dos partes consideran que la unión no podría haber sido más perfecta.
Bashir participa en el programa ‘Vacaciones en Paz’ que como cada año, gestionado por la ONG Arapaz, se encarga de traer al máximo número posible de menores durante las vacaciones para alejarlos de la temporada de más calor. «Estas semanas allí se pueden llegar a alcanzar los 50 grados. Además no tienen abundante agua ni comida, aquí su situación es mejor», explica Vanesa. Este es el primer año que su familia acoge a un menor dentro de este programa. «Teníamos una persona en la familia que ya había acogido a un niño y sabíamos que su experiencia era muy buena, no nos lo pensamos mucho y le pedimos el contacto», explica la andorrana.
Gracias a su altruismo Bashir puede pasar de forma más cómoda las vacaciones. Aun así, la familia asegura que el beneficio es mutuo porque su llegada ha provocado que hayan aprendido a relativizar los problemas. «Cuando nos manchamos o se cae un vaso al suelo y se rompe y ve que nos enfadamos es él el que nos dice que no pasa nada, que no es un gran problema y la verdad es que te paras a pensarlo y tiene toda la razón», explica Cañete. Por ello coinciden en que el aprendizaje está siendo mutuo. No solo para Vanesa y su marido Eliseo, sino también para Samuel, el hijo de la pareja. «Tiene apenas un año más que Bashir y estos días esta descubriendo una faceta de hermano mayor que le encanta, no han tenido ningún problema y se llevan muy bien entre ellos», explica.

Durante estos días lejos de casa, el pequeño tiene garantizado el contacto con su familia. «Todos los días les enviamos fotos y vídeos para que vean que está bien y el cuando quiere les puede enviar menajes y audios contándoles cosas, se pone muy contento cuando habla con su familia», relata Cañete. También la propia familia de Bashir está muy agradecida de que el menor pueda disfrutar de esta oportunidad. «Están todo el tiempo dándonos las gracias por tenerle aquí, pero somos nosotros los que estamos agradecidos por como nos ha hecho reflexionar», añade.
En este sentido, la familia reconoce que la satisfacción es más que evidente, y que están seguros que este no es el último verano en el que formarán parte del programa ‘Vacaciones en Paz’, «la satisfacción de verle aquí y de verle tan feliz es muy importante para nosotros», explica Cañete. Bashir pasará en Andorra dos meses hasta el 28 de agosto, cuando él y el resto de menores que han pasado el verano en España emprenderán el regreso al Sahara. «Con solo tres días ya sabía que se me iba a hacer corto y que iba a querer repetir y él también nos dijo que querría volver», añade.
Después de dos veranos en Zaragoza, la forma de vida del pueblo resulta muy distinta para Bashir. Solo en estos primeros días ya ha tenido tiempo para jugar en la calle, salir en bici y refrescarse del calor en la piscina, todas ellas actividades que «le encantan». Además esta misma semana Bashir y su familia estival disfrutan de unas vacaciones en la playa. «Para nosotros refrescarnos del calor en la playa, en la piscina o incluso en la bañera es muy fácil, pero para ellos no», apunta Cañete, que reconoce que aunque la agenda de estos días ha estado más apretada de lo habitual, la situación no es distinta a la de otros veranos. «Nosotros tenemos suerte de que somos autónomos y nos organizamos para estar con ellos, pero al final es lo que haríamos cualquier otro verano», apunta. Por ello Cañete anima a todo el mundo a formar parte de este proyecto. «Al contrario de lo que la gente pueda pensar, no te supone un cambio de planes, es cuestión de organizarte y de incluir a una persona más en tu rutina, un pequeño sacrificio que después agradeces enormemente», concluye.








Vanesa y Eliseo, os doy la enhorabuena. Nosotros también tuvimos un niño saharaui durante seis veranos con el programa «Vacaciones en paz». Se creó un vínculo que todavía perdura. La experiencia es fantástica, se lo aconsejo a cualquier familia y, además, significa mucho para estos niños que carecen de casi todo (excepto del cariño de sus familias, claro).
Un abrazo.