En 2024 actuaron en el Aragón Sonoro al mediodía y fueron el mejor concierto del tramo. Este año regresan por la noche. ¿Sorprenderán de nuevo?
Venimos con todo. Hay algo precioso en regresar a un sitio porque el poder tocar hace dos años, enseñar nuestra movida y volver mañana a conquistar un escenario así, para nosotros, es una historia de superación y nos morimos de ganas.
Es un escenario que se integra en la localidad de Alcañiz y en un festival que se disfruta en la calle. Muy al hilo de lo que es Modelo…
Total. Nuestro proyecto nace de forma super natural: dos colegas con un altavoz a pilas tocando por la calle en Inglaterra. Poder hacer ahora nuestra música en un escenario integrado en una ciudad, nos lleva de vuelta a eso, a cuando todo era muy fácil y se limitaba a comprar unas pilas y salir a tocar. Queremos traer eso mismo de nuevo al Aragón Sonoro.
¿Qué evolución ha habido en estos dos últimos años?
Hemos hecho muchos conciertos y nos hemos enfrentado a escenarios más grandes que técnicamente nos brindan la posibilidad de hacer cosas más locas. Se junta con que el sábado tocamos de noche y habrá luces, canciones nuevas, ideas nuevas… Cuanto más crece el proyecto más margen tenemos para hacer barbaridades que hace dos años no teníamos los medios para hacer. Sin revelar mucho, el directo ha madurado y nosotros hemos aprendido de la gente a través de los conciertos. Sabemos lo que funciona y lo que no y traemos un show mejorado desde el cariño.
Jorge y usted se conocieron en Brighton (Inglaterra). ¿Cómo fueron los inicios?
Fue una cosa muy fácil y es que las cosas guays deberían ser fáciles. Nos juntamos y nos apeteció tocar en la calle. Encontramos la forma más fácil de hacerlo con el altavoz más barato, una batería de juguete y un ukelele porque ocupaba menos que una guitarra. Siento que lo repetimos mucho pero, de corazón, es nuestra historia. Solo queríamos pasárnoslo bien y hacer música.
Tras 7 años de trayectoria, ¿Se imaginaban llegar hasta aquí?
Que va, eso fue una locura y todavía no lo entendemos muy bien. Si no viera los vídeos que nos están pasando ni siquiera tendría recuerdos porque es una sensación muy difícil de entender. No era nuestra movida, pero pudimos acompañar a un montón de gente en un día que muchos recordarán para siempre, como nosotros.
¿Cómo ha sido su crecimiento como banda?
Ha sido una ecuación muy sencilla. Si la gente nos veía y se lo pasaba bien, se quedaban; si se aburrían, se iban. Así hemos entendido nuestra propuesta en directo, en la que primero nosotros queremos pasárnoslo bien y luego conseguir que la gente disfrute. No nos subimos a un escenario a demostrarle nada a nadie, nos subimos con cariño.
Repiten en el Aragón Sonoro y en el Fem Poble de Nonaspe, quienes han adelantado que quieren contar con ustedes en próximas ediciones…
[se ríe] Qué guapo. Es un regalo poder ir a un sitio a hacer nuestra música y que la gente se lo pase tan bien que nos quieran de vuelta. No es algo planeado, es el resultado de hacer las cosas de forma natural y es un lujo.
¿Algún escenario ha sido más especial?
Cuando tocamos por primera vez en la sala Oasis de Zaragoza recuerdo que se me quedó la sangre helada. Nos marcó porque nos enfrentamos cara a cara a algo que había cambiado, la gente venía por nosotros. Hasta entonces, habíamos tocado en la calle o en festivales, donde la gente no te conoce y te regalan un rato en el que te prestan atención. En la sala Oasis vinieron de propio y fue un sentimiento de comunidad muy fuerte.
¿Considera que son un ejemplo de que es posible construir una carrera musical desde la calle?
Sí. Cuanto más profundizas en algo más complicado parece todo, pero si conseguimos abstraernos del ruido que hay es algo muy sencillo. Hacemos canciones y si las gente las escucha y las quiere vivir, el proyecto va bien. Nuestro foco está en hacer algo que a nosotros nos guste, nos represente y nos apetezca hacer mil veces. Queremos bajar del escenario y decir «ojalá hubiese otro al que subirse ahora mismo».









