Las nubes han cubierto este sábado el cielo de Caspe, pero las calles han ganado color con la ofrenda a Nuestra Señora de la Asunción de la Virgen. Ramos de flores, trajes regionales y música han acompañado uno de los actos más arraigados de las fiestas de San Roque, que ha culminado a las 12.00 en la colegiata de Santa María la Mayor con la misa baturra a cargo de la A.C. Rondalla Caspolina.
El pasacalles ha partido a las 11.30 desde la plaza Alfonso XIII, encabezado por las caspolinas mayores e infantiles y los caspolinos sénior. A su paso, mantones, refajos y chalecos relucían entre los ramos, mientras los participantes avanzaban al son de la jota y se sucedían las sonrisas, las fotografías y las miradas de quienes seguían el recorrido desde las aceras.
Algunas gotas de lluvia han refrescado por momentos el ambiente y han dado una pequeña tregua al calor de las últimas semanas. Entre los asistentes se encontraban también la alcaldesa de Caspe, Ana Jarque; el concejal de Festejos, David García; y los pregoneros de este año, la familia de Churrería La Aragonesa.
Jarque ha destacado el carácter especialmente identitario de una cita que permite sacar a la calle «los trajes regionales aragoneses y la indumentaria», acompañados por «nuestro folclore, nuestra jota, nuestra cultura y nuestra identidad».
La llegada a la plaza Compromiso ha dado paso a uno de los momentos más vistosos de la mañana. Los ramos han ido reuniéndose ante la Virgen hasta formar un escenario floral en el acceso al templo. La Rondalla Caspolina ha participado de forma directa en esta parte del acto, recogiendo y colocando las flores antes de acompañar también musicalmente la celebración religiosa.
Su presidenta, Asunción Piazuelo, calcula que ha participado en unas 52 ofrendas desde que comenzó en la agrupación con alrededor de 14 años. «Poder recoger los ramos y montar en la puerta de la iglesia a la Virgen todo ese escenario de flores es muy bonito», ha explicado.





Dentro de Santa María la Mayor, el calor ha contrastado con la tregua exterior. Los abanicos se movían sin descanso entre los bancos mientras voces e instrumentos llenaban la colegiata durante la misa baturra. Los bailadores han interpretado además una jota, una imagen que Piazuelo observa como muestra del relevo generacional dentro del folclore caspolino.
La jornada ha dejado también estampas de familias que han vuelto a sacar del armario trajes que llevaban años guardados para acompañar a hijos o nietos. Para Piazuelo, esa respuesta ha sido especialmente significativa: «Hoy he visto renacer otra vez la ofrenda».
Flores, música, indumentaria y devoción han marcado así una mañana en la que el cielo permanecía gris, pero Caspe volvía a poner el color en las calles y en la colegiata.









