El nuevo Hospital de Alcañiz no es solo una infraestructura sanitaria. Es, sobre todo, el resultado de una reivindicación política sostenida durante más de veinte años por un territorio que se negó a resignarse. Su apertura plena cierra una etapa demasiado larga de promesas incumplidas, anuncios electorales, cambios de modelo, retrasos en los terrenos, obras paralizadas, contratos fallidos y sobrecostes. En ese recorrido han pasado tres presidentes autonómicos y gobiernos de distinto color, consejeros, alcaldes y responsables públicos que, demasiadas veces, utilizaron el hospital como bandera mientras los vecinos seguían esperando.
La COMARCA publica este viernes un suplemento en papel de 32 páginas que recorre el valor social del nuevo centro a través de entrevistas a profesionales y pacientes, infográficos, datos de servicio y análisis histórico para entender el largo camino recorrido y mirar al futuro.
La inauguración al 100% del centro es una noticia histórica y sin precedentes en la Tierra Baja, pero no debe borrar la memoria. En 2006 ya se hablaba de un nuevo hospital en marcha y en 2011 debía estar listo. No lo estuvo. La realidad es que más de 73.000 ciudadanos de siete comarcas han tenido que esperar casi una generación para disponer de una infraestructura acorde a sus necesidades. Esa demora no fue inevitable sino consecuencia de decisiones políticas y de una gestión que no siempre estuvo a la altura.
La cronología de la promesas y construcción del hospital ha acaparado las portadas del periódico La COMARCA durante estos 20 años, de hecho, en la edición del 27 de enero de 2006 ya se titulaba con ‘El nuevo hospital, en marcha’ y no fue hasta el 1 de julio de 2025, 19 años después, cuando llegó aquella portada tan esperada por todo los bajoaragoneses: ‘El Hospital de Alcañiz inicia al fin su actividad con 240 pacientes’.
El salto es indiscutible. El centro triplica su superficie, pasa de 137 a 178 camas; duplica quirófanos y paritorios; incorpora resonancia magnética, hemodiálisis, UCI, helipuerto, farmacia automatizada y nuevas áreas asistenciales. Es una inversión sin precedentes y que debe marcar un antes y un después para el Bajo Aragón Histórico. Aquí empieza la exigencia política de verdad. Un hospital del siglo XXI no puede quedarse en un edificio moderno con servicios pendientes. La UCI está equipada, pero no abierta por falta de intensivistas. La UVI 24 horas sigue sin ser una realidad completa. La plantilla puede alcanzar los 800 trabajadores, pero hacen falta profesionales, estabilidad, incentivos y una estrategia seria para atraer talento…
El reto del Gobierno de Aragón ya no es inaugurar un hospital moderno y humanizado, sino gestionarlo. Se ha llegado hasta aquí en tiempo y forma con un esfuerzo común del equipo liderado por el actual presidente autonómico Jorge Azcón y también de todos los profesionales del centro hospitalario, a los que hay que agradecer su colaboración paciente y activa. A partir de ahora, se debe recordar que gestionar significa convertir este hospital en tractor de empleo, formación, desarrollo sanitario, innovación y bienestar. Se deben generar sinergias para continuar haciendo crecer la calidad de vida en nuestros pueblos. Hemos ganado un hospital, ahora debe mirar a seguir luchando de forma conjunta para consolidar la igualdad territorial y nuestro futuro.







