Los gigantes y los cabezudos se mueven al son de la charanga. Lo hacen entre serpentinas y confeti, y rodeados de gente que disfruta de un momento de las fiestas de Alcañiz. Este justo de pasacalles es el que aparece en el cartel anunciador de los festejos de 2023, al que basta con ponerle la vista encima para que contagie la alegría fiestera. Por algo fue el ganador del concurso ese año.
Es obra de África Prados García (Alcañiz, 2002) y hace unos días una de sus últimas obras ha sido portada del programa de fiestas de Valmuel. Esta vez ha tirado de sobriedad para plasmar la imagen que le pidieron por el 70 aniversario de las celebraciones. «Yo, para mis pueblos siempre saco tiempo», advierte mientras calcula que ya le queda poco para terminar el Trabajo Fin de Grado. Así acabará sus estudios del Grado de Diseño Gráfico Universitario en la ESDA, la Escuela Superior en Zaragoza. Las posibilidades de ver un día este trabajo son altas, porque ha optado por crear un álbum infantil que intentará publicar con alguna editorial y, si no, lo hará por su cuenta. «Lo autopublicaré porque creo en su potencial», añade.
Ya va conociendo los entresijos del mundo de las artes como el cómic y confía en la determinación y la constancia. «Hay que ser autocríticos si algo no funciona, no todo es culpa de tener mala suerte», reflexiona. Esto lo ha ido aprendiendo porque ya lleva unos cuantos proyectos a sus espaldas. En Zaragoza, donde reside y estudia, se mueve en el ambiente cómic y fanzine, que son los ámbitos en los que más participo, además de en exposiciones. La más reciente es de este mismo año y sigue girando por pueblos a instancia de ‘Por una montaña digna’ en una crítica hacia la despoblación y el auge de las renovables. «Si seguimos así, solo quedarán estas máquinas en el campo», añade.
Hace dos años, y de la mano de su amiga Laura Manso, alias Soul Dafne en redes, hizo su primera incursión en el Salón del Cómic de Zaragoza, y ha seguido yendo. Además del Ultimate Manga, llegó el Tebeico del Salón y se lanzó a hacer cómic y quitarse el síndrome de la impostora. «No había hecho cómic, pero mi amiga me insistió y empecé. Es muy divertido, relajante y muy crítico. Eso me gusta», dice. Este año en el salón del cómic de Huesca participó en otra exposición colectiva en la que diferentes autores reinterpretaron los dibujos de los escolares de un colegio. «Fue muy divertido», apunta.
Ha ido al festival Krunch en Alcalá de Henares, al Oh! Comics Fest de Logroño, y en otoño estará en el de Barcelona. Su obra también aparece en fanzines como ‘Crónicamente Online’ o ‘Amor y Odio’, del colectivo zaragozano Patada en la cara.
En el cómic, por encima de la competencia está la convivencia y el compañerismo, por eso hace un buen tándem con Soul Dafne, y acuden juntas a muchas de estas citas. «Es importante apoyarse e ir con alguien a las convenciones para estar en los puestos porque así todo es más entretenido», dice.
En cuanto termine el TFG es muy probable que se lance a estudiar el Grado de Educación, ya que cree que dar clase es algo que se le podría dar bien, y eso que admite que ella nunca se ha dejado enseñar mucho en casa. Sus padres son pintores y, aunque ella nació con un lápiz en la mano, ha hecho su camino. «Sus cuadros y los míos no tienen nada que ver», ríe. Le gusta el realismo, pero no le da lo que le da el cómic. «Se me da bien, pero creo que hay muchas técnicas gráficas más interesantes y variadas», opina. En el caso del cómic cree que es un medio de expresión muy liberador, de desahogo y donde poder expresar preocupaciones. «Acabas conectando con alguien que ha leído tu historia, esto es lo que más me gusta», añade.

Se considera más ilustradora que diseñadora gráfica, aunque a veces ambas «van de la mano». Sigue experimentando con técnicas entre lo digital y lo artesanal, y continúa buscando su estilo. «Es algo que nos lleva de cabeza a todos en el sector, pero intento vivirlo con naturalidad, probar cosas… Cuando encuentre mi sello reconocible se me acotará la libertad creativa que tengo ahora, así que, aprovecho a hacer todo lo que me apetece», sonríe.
De lo que se va conociendo de ella misma hasta ahora puede decir de su arte que tiene mucha dualidad entre lo bonito y el momento trágico que suele salir a relucir. Lo define de romanticista con un punto súper pop. «Mi estilo está muy influenciado por el anime… No era de esperar que me acabara metiendo en el cómic, ¿verdad?», ríe con ironía. En su Instagram (@africaprados_) hay buena muestra.
Quién sabe, no se cierra puertas. «Soy más ilustradora que diseñadora gráfica y comiquera, pero es que me gusta todo. No puedo elegir… Soy multidisciplinar. Esa es la palabra».







