Macro, apilado, 360… Son palabras que ha ido sumando a su vocabulario. También Anacyclus clavatus o Bellis perennis, aunque estas se le olvidan rápido y por eso las anota. Son los nombres científicos de la manzanilla y la margarita, dos plantas tan comunes que pasan desapercibidas. Eso le pasaba a Antonio Mayo Larrosa (1954) hasta 2015, cuando incorporó a su vida un equipo fotográfico al comenzar su etapa de jubilado.

Desde entonces ve la vida de otra manera, ve su día a día con mirada fotográfica y eso hace que no se salte los detalles aunque estos hayan estado ahí a su lado toda su vida. «Un día toca modo planta, otro toca modo pájaro… Y me voy fijando en todo», sonríe. Lleva once años viviendo esta vida de jubilado que está consiguiendo que sea lo que se propuso y para lo que se preparó ya en 2014, un año antes de que llegase el momento. «Yo sentí que la jubilación te activa la cuenta atrás, así que, invertí lo necesario para tener un equipo con el que me siento cómodo para hacer lo que me gustaba», dice.

Se apuntó a un curso de fotografía en el que empezó a aprender y, desde entonces, no ha parado de evolucionar. «No tengo la parte artística que sí tienen otros compañeros, lo mío es la técnica», reconoce. Se maneja entre macros, apilados, resoluciones y domina, especialmente, la fotografía 360º. Con sus imágenes, el espectador en su web (antoniomayo.es) puede darse un paseo inmersivo por el Teatro Principal de Zaragoza, por una de las salas del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza y por rincones de Mazaleón. Algunos tan emblemáticos como la cárcel, la ermita y su entorno o el río. Es el pueblo de su madre, allí ha pasado largas temporadas con sus abuelos, ha acudido con frecuencia y sigue yendo cuando hay ocasión.

Dice que siempre le había llamado la atención la fotografía. Toda la vida ha sido maestro de primaria, y el contacto más estrecho con la imagen fue a sus 26 años en clase revelando con alumnos de 8º de EGB. Eran tiempos de analógico y blanco y negro y el color asomaba. Aparcó todo aquello hasta casi 2015. Además de los aprendizajes, de las clases de la Universidad Popular surgió el grupo ISO400 formado por una decena de personas. «Somos amigos, es una excusa para salir al campo y quedar a tomar un café», dice.
Combina las salidas con las que hace con el grupo de senderismo, que va eligiendo lugares de Aragón y de fuera. De hecho, Asturias está en el punto de mira. Él acude con su cámara casi como el fotógrafo oficial. «Hace años protestaban si les pedías parar y hacer foto, ahora te lo piden», apunta. «Yo creo que es porque ya tenemos una edad y queremos tener un recuerdo de todo», sonríe.

Él mismo tiene documentados sus últimos once años en la página que web en la que publica todas las fotos, álbumes digitales, sus visitas 360º y su día a día. También los cuadernos de aves y plantas. Creó su web como cuaderno de bitácora de su jubilación. Guarda un álbum por año que es un reflejo de su propia vida y sus trabajos fotográficos. También hay nocturna, una modalidad de la que asegura que hay expertos en el grupo y con la que se disfruta de la foto y los lugares.

Pensando en el eclipse, dice que lo seguirá con time-lapse, algo que «le encanta». En su web hay un recorrido de la luna detrás de la Central Térmica de Andorra, una imagen que ya es histórica. Últimamente se ha animado con el dibujo de la mano de su primo Alfredo Larrosa, aunque dice que «ni de lejos» conseguirá el nivel. Va poco a poco porque lo suyo siguen siendo los paseos con la cámara. «Con la fotografía no busco ni la espectacularidad ni los concursos.Esta afición me llena mucho el tiempo y es un placer, quiero que me entretenga, y lo estoy consiguiendo», concluye.







