En cuanto la Vía Láctea comienza a salir en el horizonte, lo primero que se ve es la constelación de Escorpio», dice Ramón Gasión (1957). «Se identifica porque tiene forma de escorpión y, si la ves, al cuarto de hora más o menos ya empieza la Vía Láctea», apunta. Ha aprendido a identificar al arquero o a la Osa Mayor, entre otras muchas figuras más, y todo, desde que sale con su cámara de fotos. «Y desde que conocí a Fray Fernando», advierte sonriendo.

«Este mundillo te da pie a conocer a mucha gente y todavía no me he encontrado a nadie que no comparta sus conocimientos o curiosidades», celebra. «Juan Carlos Peguero también me ha resuelto dudas… Hay gente muy maja», opina. «Una vez te metes en este mundo, aprendes porque indagas, experimentas, miras en internet, porque lees y, sobre todo, porque practicas mucho».
Para toda persona amante de la fotografía nocturna, el Monasterio del Olivar en Estercuel es visita obligada. «Es increíble lo que se disfruta allí porque es un sitio sin contaminación lumínica y no te tienes que alejar del hospedaje para fotografiar», reconoce. Él tampoco lo tiene complicado porque, aunque residente en Zaragoza, los viajes a Villarroya de los Pinares son constantes. De allí es su mujer y él es uno más desde hace más de cuatro décadas. Tiene muy claro que Aragón no tiene nada que envidiar a otros territorios para encontrar sitios «increíbles».

Los cielos de la provincia de Teruel son únicos y su casa en pleno Maestrazgo y a una altitud nada desdeñable, le pone ante unas estampas difíciles de ignorar. «A veces sales y vuelves sin nada porque has cometido un error del que no te has percatado. Pero de todas las salidas se aprende y en todas se disfruta tanto del lugar como de la compañía si la llevas», dice.
Su idilio con la foto nocturna empezó en Jaulín, en una salida que hizo con ISO400, el grupo de fotografía al que le invitó un amigo. Allí conoció a Antonio Mayo Larrosa, de Mazaleón, con quien ha continuado haciendo salidas de una forma más asidua. De hecho, ya tienen la próxima programada. Mayo es especialista en fotografía 360º, mientras que Gasión siente predilección por la nocturna y de varios tipos. Le gustan los time-lapses, montajes de vídeos a partir de 400 ó 500 fotos que puede hacer en un par de horas. «Ahí vemos cómo nos movemos en la Tierra», dice.

Con otro tipo de tiradas es capaz de sacar los trazos de estrella al apreciarse cómo van girando alrededor de la Estrella Polar. «Y todas son de colores, porque cada estrella tiene el suyo, no son blancas», apunta. Hace las fotografías habituales de la Vía Láctea que captura y, aparte, las panorámicas con las que consigue extraer todo el arco.
Lo digital, aunque siempre asociado a la inmediatez, también deja espacio a la sorpresa. No es hasta el revelado en el ordenador cuando sale la fotografía. «Se revelan en bruto, en formato RAW, y es igual que si tuvieras un negativo porque tienes toda la información pero no la estás viendo hasta que no subes un poco la luz, bajas oscuros…», explica. «La cámara ve lo que tú no ves y capta toda la información que tienes que sacar en el revelado. El móvil ya te hace la foto revelada pero se pierde mucha información».

Toda la vida dibujando y pintando
Antes de fotografiar los cielos y rincones de Villarroya los pintó. Los lápices le han acompañado desde niño, toda la vida ha dibujado y probado técnicas. Hace un par de años se lanzó con los lápices de colores, «algo muy gratificante», y hace más de 26 años que pinta en óleo. Tanto en pintura como en fotografía ha sido autodidacta. «Hago mucho bodegón, paisaje y detalles. Tengo muchos de Villarroya de rincones del pueblo o puertas, y muchas pinturas salen de mis fotos», sonríe.
Él imparte clase a jubilados en un centro de mayores en Zaragoza y con los aforos tan llenos que hizo dos grupos para no dejar a nadie fuera. «Nos lo pasamos realmente bien, es un rato semanal que estamos deseando que llegue, es muy divertido», dice.
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