Un tipo fornido y con bigote frondoso se frota la mano derecha con la izquierda. Es herrero y con el pensamiento le pide a la prótesis que sustituye a su brazo derecho que «aguante un poco más». En ese momento, un ruido de algo chocando con las rocas en la orilla del río le saca de su ensimismamiento. Es una barca y dentro viaja un niño de unos seis años.
De esta manera empieza ‘Forjado en acero’, el primer cómic que firma Isabel como Bella Mor. Para llegar a él aparecen «cuatro rayujos de colorines, nada perfecto». Así es la primera imagen que Isabel Albu (Alcañiz, 2003) tiene en su memoria como inicio de lo que quiere que sea su modo de vida. Era muy pequeña cuando cogió esos lápices y también recuerda que la motivación fue encontrarse con su padre Gelu pintando uno de sus cuadros de paisajes. «Yo iba corriendo por el pasillo y llegué a la habitación en la que estaba con sus pinceles muy concentrado, me di la vuelta y me fui a mi cuarto a dibujar. Y hasta hoy», sonríe.
Su imaginación pronto se fue nutriendo de los personajes de dibujos animados de televisión, especialmente los que tienen que ver con anime como Naruto y compañía. Iba dibujando y en el colegio ya se fue esforzando por ir haciendo cosas más llamativas y trabajadas pero no fue a clases específicas. Solo acudía de visita a ver a su padre y su hermana mayor, pero al ir terminando secundaria sí quiso encaminar sus estudios al dibujo, la ilustración y a un mundo muy amplio que no ha hecho más que empezar a descubrir.
Acaba de regresar a casa tras estudiar un grado de diseño gráfico en Teruel y ahora se le plantean muchas opciones. Puede que opte por otro grado en cómic o la facultad de Bellas Artes. «Lo que más me motiva es el cómic pero no me cierro a nada, por eso tengo que pensarlo. Diseño me gustó mucho y también todo lo que tiene que ver con el mundo imprenta, desde que nos llevaron a ver una se me abrió otra realidad que no conocía», dice. En un momento tan digital ella piensa en papel, un material muy vivo y muy apreciado en el universo cómic, donde los fanzines y ediciones limitadas son muy apreciados.
Además de gusto tiene una habilidad especial para el anime y el manga y, a base de cuidadas y pacientes explicaciones es capaz de captar la atención de cualquiera que no esté muy enterado de este mundo. «No me gusta que se vean las figuras perfectas, limpias, prefiero que se vean trazos del boceto… algo más natural», dice con uno de sus cómics en la mano. Se llama ‘Forjado en acero’ y se lo autoeditó como prueba. Firma como Bella Mor y así son sus redes sociales en las que muestra procesos de creación de personajes, composición de viñetas y otras curiosidades.
Dibuja a mano y también tiene su tablet para pasarlo al mundo digital. Los personajes que crea son grandes y robustos, con rasgos marcados. Algunos de ellos han formado parte de ‘Teruel Mutante’, un fanzine colectivo con dibujos de artistas varios de la provincia. En estos días ultima su nueva colaboración para el número que se publicará en breve. «Me gusta mucho porque se ven los estilos de cada uno, somos muchos y no nos conocemos, pero vemos que no estamos solos y que hay artistas que hacen unos trabajos que me encantan y muy diferentes al mío», dice. «Me sirve para ver mi propia evolución porque lo noto desde la primera colaboración. Yo estoy aprendiendo y que me publiquen junto a esta gente es importante para mí», añade.
Además de los personajes, Isabel crea sus historias y conseguir plasmarlo todo en una escena que se entienda no es sencillo. «No, no soy de escribir mucho diálogo ni textos, así que, en eso sí me tengo que emplear a fondo», sonríe. En casa cuenta con el apoyo total de todos. «Me gusta lo que hace, y si vamos a una librería la dejo en los cómics y ahí está rato, yo no entiendo nada de ese mundo pero atrae a muchísima gente de todas las edades», sonríe su madre Érika. «Cuando dijo que quería hacer diseño me encantó, adelante…, admiro su capacidad de detalle y sus historias, lo mío es el pincel, nada que ver», sonríe su padre con la complicidad de artista.











