«A mí hay que escucharme con la mente un poco abierta», advierte en tono divertido. La frase adquiere más sentido cuando se refiere a su primer libro como una autobiografía que se titula ‘Diario de una sacerdotisa’. «Todo tiene su explicación y no es que yo sea sacerdotisa pero sí lo fui en una vida pasada», aclara. Marta Morales Moreno (Caspe, 1980) publicó este libro en 2019 aunque ya estaba escrito mucho antes. Un año calcula que llevaba guardado en el cajón de la mesilla. No se atrevía a dar el paso de compartirlo, sobre todo, por el qué dirán. Pero lo que encontró cuando se decidió fue el respaldo de muchas personas a las que les estaba sucediendo lo mismo o les había sucedido. En esas páginas, al fin encontraban una explicación. «Yo siempre he sido muy sensible, tengo un punto muy alto de empatía, y en 2018 tuve lo que se llama un despertar a otras capacidades sensoriales. Ves y escuchas en otros planos y pensaba que me estaba volviendo loca, pero no solo me pasó a mí en la familia y al ponerlo en común vimos que era real y había sucedido», explica. Mientras estudiaba Ingeniería, descubrió el mundo del yoga y las terapias naturales. Terminó los estudios y ejerció de ingeniera pero pronto decidió seguir el camino que sentía que debía. De 2005 a 2024 compaginó ser profesora de yoga con el de terapeuta natural. En 2016 creó su propio centro en Caspe, que sigue adelante en manos de sus compañeras después de que ella lo dejara tras una enfermedad y una larga baja. Ya está recuperada y continúa con sus sesiones pero vía online al tiempo que trabaja de gerocultora. Entre otras muchas cosas, en el libro cuenta cómo en 2018 comenzó a tener regresiones a vidas pasadas. En una se encontró a sí misma como sacerdotisa y encontró argumentos para justificar algunas conductas suyas en la actualidad, como por ejemplo, sobreprotección con uno de sus hijos. Tiene una explicación y está hilada en el segundo libro que está ya en proceso de corrección. Esta vez será ficción y llevará por título ‘La curandera de los bosques’. Se ha basado en experiencias propias y cree que puede ayudar a sanar y transitar los duelos sea el que sea.
«Hacer este libro está siendo un disfrute y ahora sí que me siento más escritora, con el primero no porque yo sentía que no lo había escrito yo», dice. Ese primer libro está hecho a base de frases que escribía cuando se despertaba de madrugada. «Escribía lo que me salía y lo hacía a oscuras, pero era lo que me chivaban, por eso digo que no lo he escrito yo», explica. Decidió guardar en el cajón las libretas. «Cada vez que hacía ejercicios con energías, había algo que me decía que lo publicara, pero yo bastante tenía con intentar entender lo que me estaba pasando», apunta. Tenía miedo al posible rechazo en un sitio donde todo el mundo se conoce y de quedarse sin clientela en su centro. Ahora ve ese año como un tiempo de integración y en el que tuvo que asumir que «la vida no solo es el plano tangible, si no que hay otras dimensiones». Dice que cuando aceptó esto y cambió su enfoque de la vida, entonces asumió que estaba preparada para publicarlo. Lo hizo de la mano de su pareja, Xavi Guimerà, que como mentor le guió en la autoedición en Amazon. También ha intervenido en el segundo libro en la escritura de un par de personajes, aunque en todo momento se ha ceñido al relato y estructura de la autora. Ella está en redes sociales como @escuela_de_magas en Instagram, y como @EscueladeMagas-2024 en Youtube.
Era 2019 y la presentación de ‘Diario de una sacerdotisa’ fue ya en pandemia y se tuvo que hacer online. La sorpresa de Marta fue que se conectaron decenas de personas y que vendió 90 libros, lo que se traducía en que 90 personas se iban a enterar de su historia. También con la perspectiva que da el paso del tiempo ahora no descarta que precisamente ser conocida jugase a su favor para que personas en su situación la viesen como un refugio cercano. Lejos de perder clientes, ganó porque le contactó gente que se sentía identificada. No son rarezas. Sentir muy presente a un ser querido que ha muerto o incluso escuchar su voz por un segundo, son cosas que sí que pasan y no son fruto de un «serán cosas mías». Tampoco lo es sentir algo especial a estar en determinados lugares o pasar por determinados sitios. Hay personas que lo sienten desde la niñez, pero otras van desarrollando esta sensibilidad. «Hay muchas personas que tienen estas experiencias, más de las que pensamos, pero no se habla. Es un tabú que ha sido muy bello de cambiar», admite.







