Repasar la vida de una misma a través de obras de arte es una de las cosas que más llenan a Raquel Vicente Dobato. La alcañizana se decantó por Historia del Arte a la hora de decidir qué hacer tras el instituto y un bachillerato de Artes. Estudió la carrera en Málaga y luego, en Madrid, un máster en Museología que la llevó a hacer sus prácticas en el Reina Sofía. Allí se dedicó a todo lo referente a patrocinios, a la búsqueda de recursos y marcas para poder realizar exposiciones. «Fue una etapa increíble, la disfruté muchísimo», recuerda.
Enlazó las prácticas en el museo con otras en una galería en la que se encargaba del mismo trabajo del que también disfrutaba pero en el que notó que algo faltaba. «Llevaba ya un tiempo trabajando ahí pero nunca me había ido fuera, y si ves el mercado del arte verás una tarta con Asia, Estados Unidos, Inglaterra, Francia y España en el 2% dentro de un apartado que se llama otros», cuenta. Ahí decidió marchar a Londres. «Sentía un vacío porque estaba llevando una galería pero me estaba perdiendo el resto de la tarta y, si iba a seguir dirigiendo una galería, solo así podría entender bien cómo funciona el mercado», explica.
Habla desde Portugal, país al que va y viene cuando no está en su Alcañiz natal. Allí se dedica a organizar retiros de yoga, una forma de vida que se convirtió en la luz que ilumina su camino desde que lo descubrió. En Inglaterra llegó a su vida el yoga como tantas cosas llegaron a la de tantas personas: en pandemia. En Londres recaló en una de las casas de subastas de arte más relevantes a nivel internacional, lo que necesitaba para entender lo que había ido a buscar. Con la pandemia, el mercado artístico se relajó al tiempo que ella empezó a tomar clases de yoga, algo que siempre le había llamado la atención pero que nunca había probado.
«Me gustó hasta el punto de que ahora es mi vida», sonríe. Se volvió a España y, mientras vivía en Alcañiz avanzando en su yoga, llevaba también la galería de un artista. «Era feliz, fue un momento pleno», añade. Y entonces, recibió una llamada de las que solo se dan una vez. O eso parece. La cuestión es que no quiso quedarse con la duda y aceptó. «No sabes lo que me costó tomar la decisión… Fue horrible, pero no me arrepiento porque lo hice y ahora soy todavía más feliz», ríe.
Le contactó una de las grandes empresas que mueven arte por todo el mundo con colecciones para las que disponen de millones de dólares. «Era el trabajo para el que me había estado formando toda la vida», dice. Ese trabajo le llevó a viajes, a contactos y a proyectos tan increíbles como el montaje de una colección en uno de los cruceros más grandes del mundo. Eso le llevó a vivir mes y medio en el barco. También a horarios extenuantes y un ritmo de vida al extremo sin apenas tiempo para nada más.
Disfruta descubriendo el mundo interior de un artista y el lenguaje que emplea cada uno para hablar de cosas que solo pueden ser expresadas con el lenguaje propio. Dice que desde siempre ha sido muy sensible al arte y eso hace que creaciones en todas sus manifestaciones le despierten sensaciones y emociones. «Me encantaba disponer de tanto dinero y poder llamar a artistas para proyectos muy interesantes. Lo que me llena de ese trabajo es ser mediadora para que ellos entren en ese mercado, puedan vender y tener dinero para seguir trabajando. Pero a la vez había algo en mí que no me llenaba», comenta.
En cuanto terminó el proyecto del barco dejó la empresa, pero sigue trabajando como consultora aunque ahora de manera independiente. También ayuda a la propia empresa si la necesitan y dispone de un amplio dossier de artistas que proponer en función de los proyectos. «Todas mis amistades en Madrid son del mundo del arte, ya sean artistas o galeristas, pero el arte está en mi vida y acudo a ferias y eventos, estoy presente», dice. En su familia marca el triángulo artístico el que forman sus tíos Paz Benavente y Vicente Dobato, y su primo Jaime con su violonchelo y «su creatividad increíble».
Y no pierde de vista que en Alcañiz se va a abrir un museo. «Si quieren contar con mi opinión, yo no tengo ningún problema, al contrario, yo estaría encantada», lanza.







