'Refugees’, ‘Micelio’, ‘High & Low’ y ‘And Again’. Así se titulan cuatro de las diez canciones que integran ‘Equinoccio’, el álbum de Grows Music Collective, un proyecto de 18 músicos nacido en Zaragoza. Hacen música jamaicana en todas sus vertientes ya sea roots, rock reggae, dub, lovers, rocksteady o ska. De todo esto «estará llenito» el disco que está previsto que vea la luz el 11 de septiembre. De unir a toda esta gente se ha encargado Sergio López Nevado, alias Snowy (Andorra, 1988), quien llevaba una década componiendo los temas. «Me gusta el directo, pero también los ratos de componer, grabar, maquetear… La tecnología te permite grabar tus cosas en tu casa y eso me parece la auténtica revolución», dice. Y lo dice rodeado de los aparatos del estudio de su padre Ernesto, otro apasionado de la música además de bajista de Deluxe, formación que a veces comparten. «Siempre que puedo vengo y toco con ellos porque me gusta, antes era con más frecuencia pero hay un momento en el que uno no llega a todo», dice. Snowy colabora con diferentes proyectos y ahora ha sido él quien pidió ayuda para grabar las canciones. «Enseguida tuve respuesta», sonríe.
El proyecto nació como algo efímero, ya que cada cual tiene sus vidas y grupos, no nació en ningún caso como una banda fija ni como proyección de escenario. «Hemos grabado en fines de semana de octubre a junio y por separado, nunca hemos estado los 18 juntos, pero una vez grabado piden directo», apunta. A modo de puesta de largo, Grows Music Collective actuará el 29 de noviembre en la Casa del Loco de Zaragoza. Estarán acompañados de la banda Irregular Roots y, como de momento es el único concierto, se disfrutará al máximo. La grabación y todo el proceso se ha llevado a cabo en Yeste, en Huesca, en Lacasia de la música. Los adelantos están disponibles en todas las plataformas digitales, pero el resultado será en vinilo. «Es un proyecto con calma y alma», advierte.

La música forma parte de la vida de Sergio desde que se levanta hasta que se acuesta. Ya sea ensayando, en casa probando o en el trabajo, todos los días está tocando instrumentos. De profesión es musicoterapeuta, un ámbito al que llegó después de transitar por la enfermería, profesión que estudió y desempeñó hasta hace casi una década cuando optó por seguir su instinto e implementar la música también a su vida laboral haciendo el máster de musicoterapia. Desde hace cuatro años es educador en el centro de Las Fuentes de la Fundación ADISLAF en el que trabaja con personas con discapacidad. «La música es un lenguaje universal y mueve a la gente sin importar el país, la edad o los conocimientos. Es intrínseco al ser humano y hay que saberla trabajar para llegar a ejercitar la movilidad, dicción o lo que sea preciso», apunta.
Sergio estudia y entiende la música y eso implica horas de práctica. También de escucha, algo que hace siempre que puede. «Me pongo un disco y lo escucho entero al detalle cada instrumento, nota, giro…», dice. Reconoce que tiene cierta facilidad para, como dice su padre, «sacarle sonido a cualquier instrumento» y por eso toca los palos que se propone. Tras el primer y temprano contacto con el ritmo en la escuela de música de Andorra, a los seis años cogió el piano y a los nueve, el trombón, el instrumento que más ha estudiado incluso en el conservatorio en Alcañiz.
De forma paralela fue montando grupos con compañeros de la escuela de música con los que se dio cuenta de que poner en práctica el aprendizaje tocando punk-rock en la calle «estaba muy guapo». Integró batukadas en Andorra y Zaragoza, y también charangas, entre otras formaciones «que nacen y mueren». Creció entre vinilos, teclados y los ensayos de la Deluxe junto a su padre Ernesto donde conoció la batería. Ahora la toca en 4Bob, una banda de versiones de Bob Marley. Al trombón le da salida en The Magnetophones tocando música negra en temas propios con sus destellos de reggae, soul o ska. Su trombón también suena en aragonés en Nuei, grupo integrado por varios ex de Mallacán y que también ha grabado disco que esperan para final de año. «Al final estamos en un circuito musical que no es muy grande y si me llaman colegas para colaboraciones, voy. Una de las muchas cosas bonitas de la música es lo colectivo», dice.







