Actuó en Puigmoreno, este viernes lo hizo en Calanda y el viernes 19, en Villarluengo. Estará girando en la próxima programación de Dinamizart-j con ‘Viaje con la música’ y también se encuentra preparando un show para que los niños contacten con el teatro, entre otras muchas ideas. La joven es accesible en @irenelamiel y @lamiel_producciones. En sus redes sociales muestra e informa de sus proyectos en los que aparece incluso Alejandro Sanz.
Tu currículum es extenso en formación. ¿Por qué es tan importante?
Un artista va a tener que estar formándose toda su vida. Conozco a gente muy formada a la que es imposible sacar un defecto y quiero eso en mí. Pienso en qué disciplina voy más floja y meto horas, es lo que funciona para ser el mejor.
¿No es más cómodo centrarse en lo que ya se te da bien? Tocas muchos palos y no te enfocas en una cosa.
Creo que tener muchos frentes abiertos hace que se te abran más oportunidades. Me ha pasado ahora cuando entré a estudiar canto lírico en el conservatorio en Málaga. Es una técnica distinta a la de los musicales, que es lo que más me gusta y a lo que me gustaría dedicarme. Pero es que me quiero enfocar en todo, porque bastantes pocas salidas tenemos como para cerrarnos más puertas. El aprendizaje se basa en fallar, mejorar, y saber que aún te queda un recorrido enorme.
También ayuda tener ciertas habilidades que cultivar...
Yo creo que se trata mucho del amor, de que cuando algo te apasiona y lo quieres aprender, no te importa invertir todo el tiempo en aprenderlo. Si no sé jugar al tenis y le echo horas y mucho cariño, por pocas habilidades que haya tenido en el pasado acabaré siendo buena. En cuanto al baile, si practicas acabarás bailando, y con el canto, ya tienes una voz, ahora hay que educarla y creo que al final se aprende, como todo. A veces nos ponemos las trabas nosotros mismos: ¿por qué no vas a poder cantar o bailar? Claro que sí, pero querrás tirar la toalla 300.000 millones de veces. Ahí aparecerá una voz interna que te diga que vas bien. Yo la tengo.
¿Somos nuestros peores enemigos?
La autoexigencia siempre está detrás pero te tienes que recordar también todo lo que has conseguido y ser consciente de que a veces lo que habla es tu miedo y no tú. Hay que dejarlo al margen pero algunos días lo tendrás que escuchar, llorarás y no pasa nada, somos humanos.
Tú has decidido entrenar todas las habilidades. ¿Por qué?
Me quiero dedicar al teatro musical y es muy exigente, te piden de todo: baile, interpretación, canto… Siempre he sido la persona menos flexible del mundo, mis manos no bajaban de las rodillas y ahora… ¡no hay comparación! (ríe). Hasta que lo conseguí todos los días antes de dormir estiraba con cintas. Ver la evolución también gusta.
Está bien que des estos detalles porque el público llega, se sienta y disfruta de dos horas de un espectáculo sin pararse mucho a pensar en lo que hay detrás porque hacéis fácil lo difícil. ¿Se infravalora este trabajo?
No se valora lo suficiente por eso, porque parece que todo es muy sencillo. Pero ese es el trabajo del artista, que un bailarín haga un movimiento y la gente se sorprenda con lo limpio que lo ha hecho. Igual ha estado dos horas solo con ese movimiento para que salga así. Hay mil clases, ensayos y gimnasio, que también es importante.
¿Tuviste siempre claro que querías hacer de las artes tu profesión porque no era solo una afición?
También dudé. Con mi madre he llorado muchísimo porque no encontraba nada que me gustase. En realidad siempre tuve claro lo que me gustaba, el miedo está en que no sabes si arriesgarte a hacer una carrera que no es común y desconoces qué pasos dar.
Se pierde mucho talento así.
En la zona y en Aragón en general hay muchísima gente con un talento increíble pero que no se lanza por el qué dirán o miedo a ser juzgado.
¿Qué le dices a quien duda?
Que si tiene clara su vocación, que persiga su sueño. Y lo mismo si no es una vocación y se trata de un gusto: si te gusta cantar, canta.
Tenéis un trabajo muy bonito, hacéis feliz a la gente.
Bueno, es que ¿en qué trabajo te aplauden cada vez que haces algo? (ríe) Aunque no te haya salido como a ti te gustaría, el público te abraza así.
El aplauso de Calanda ya te lo llevaste este viernes. ¿Qué ofreciste?
Me he creado Lamiel Producciones y ahí hago espectáculos a la carta. Cada pueblo necesita una cosa y yo me adapto. Puedo hacer un show infantil, canciones de toda la vida o interacción con el público como hice en Puigmoreno hace unos días. También puedo amenizar una velada cantando durante las cenas y es lo que hice la noche del viernes con los bares de la plaza.
Esta iniciativa propia la compaginarás con la carrera.
Sí, y los estudios son lo primero, pero tengo que moverme y no esperar a terminar la carrera. Sigo haciendo pruebas y en cada casting te piden niveles de experiencia altísimos. Tengo que estar lista.
Eso se dice mucho en las artes, que si no tienes trabajo, créatelo.
Es lo que intento, no estar siempre pendiente de nadie ni de que suene el teléfono.
Esto también te da tablas sobre lo que es la industria, imagino.
Sí porque te lo gestionas todo. También te enseña a valorar si algo te conviene o no porque a veces ves algunas condiciones… Hay mucho amor al arte pero esto no lo hacemos gratis y detrás hay muchas clases, un máster, cursos, ensayos…
¿Este arte te viene de familia?
(Ríe) ¡Nada! Soy la primera. Mi padre, que cantar no se le da bien, es muy crítico y me da siempre su opinión. Eso lo agradezco enormemente. Mis padres son con los que pruebo todo y opinan, y son los primeros luego entre el público en venir a verme. Sin el apoyo de mi familia esto es imposible.







