Bajo un sol abrasador y con un caudal menguante, La Estanca de Alcañiz fue escenario este fin de semana de las tradicionales 24 horas de pesca, un evento que ha puesto a prueba la paciencia y la habilidad de los participantes. La competición, que se desarrolló desde el mediodía del sábado hasta el mediodía del domingo, se vio profundamente marcada por las condiciones adversas. La sequía, protagonista indiscutible de esta edición, no solo redujo el nivel de agua, sino que también elevó la temperatura del embalse a niveles insólitos, haciendo de esta una de las pruebas más desafiantes de los últimos años.
Dieciséis parejas, incluyendo una procedente del Reino Unido, se congregaron para medir sus fuerzas y destrezas en un entorno que, lejos de facilitarles la tarea, les planteó retos continuos. «El agua estaba muy caliente, lo que afectó a las capturas, que no han sido las deseadas», comenta Alberto Quílez, presidente de la Sociedad Deportiva de Pesca de Alcañiz. A pesar de las dificultades, los pescadores mostraron su determinación y respeto por la tradición, luchando hasta el último minuto para alzarse con el primer puesto.
Finalmente, fueron Carlos Moreno y Roberto Abadía quienes, con un total de 19 kilos y 460 gramos, lograron imponerse a sus competidores, seguidos de cerca por Ángel Guiu e Íker Martín, con 10 kilos y 455 gramos, y Javier Dolz y Manuel Giner, quienes ocuparon el tercer lugar con 10 kilos y 10 gramos. La pieza mayor, una impresionante carpa de 5 kilos y 445 gramos, fue capturada por Alberto Quílez y Adrián Alquézar, demostrando que, incluso en condiciones adversas, la destreza puede más que la adversidad.

La sequía como condicionante
El nivel del agua fue uno de los principales retos que enfrentaron los pescadores. Según Quílez, esta situación no solo afectó a la competición, sino que también plantea un panorama incierto para el futuro. "La poca cantidad de agua que tenemos, junto con estas temperaturas extremas de hasta cuarenta y dos grados, hizo que el agua estuviera totalmente caliente. Esto ha sido determinante en las capturas", afirmó el presidente, quien también expresó su deseo de que en futuras ediciones el nivel del embalse permita una participación más amplia y menos condicionada por el clima.
El evento, sin embargo, no estuvo exento de momentos de camaradería y el buen ambiente que siempre ha caracterizado a esta cita anual. A pesar de la baja participación en comparación con otros años, Quílez destacó la implicación de todos, desde las autoridades locales hasta los patrocinadores, que hacen posible que la tradición de las 24 horas de pesca en La Estanca siga viva año tras año. «Esperemos que el año que viene nos cueste marcar la estanca porque haya mucha participación y mucha agua», concluyó.
La edición de este año ha dejado un sabor agridulce, marcado por la resiliencia de los pescadores ante la naturaleza implacable. Pero también ha sido un recordatorio de la fragilidad de este entorno, que, como La Estanca, lucha por mantener viva una tradición a pesar de las adversidades.







