A sus 88 años, Antonia Millán Hernández dice que ha encontrado la felicidad. Más bien, sigue disfrutando de ella porque la encontró ya hace dos décadas una vez jubilada. Decidió que entonces era el momento de cumplir el sueño de instalarse de forma definitiva en Albalate del Arzobispo, su pueblo. Era su deseo desde niña y eso que solo tenía 6 meses de edad cuando abandonó su casa en brazos de sus padres. La familia puso rumbo a Francia, y allí ha vivido toda su vida hasta su regreso, aunque todos los años visitaba a la familia que quedó y que sigue estando en Albalate y pasaba, al menos, un mes.
"¿Mi vida aquí?... Yo estoy muy feliz. Nací en Albalate y siempre dije que quería morirme en Albalate", dice. Sentada y atenta a todo lo que sucede a su alrededor contesta a algunas preguntas de los medios de comunicación, citados en el imponente castillo para cubrir el acto al que ella también ha sido invitada. Ocupa un lugar destacado y varias menciones de las autoridades, porque el evento pretende rendirle homenaje a ella y a todas las personas que se vieron en su situación. Delegación del Gobierno en Aragón centralizó este año la conmemoración del 8 de mayo en Albalate con el 'Día del recuerdo a los hombres y mujeres que sufrieron el exilio como consecuencia de la Guerra Civil y la Dictadura'.
Fue un acto sencillo pero emotivo y cargado de simbolismo. Antonia no dejó de sonreír desde su silla y sacaba todas las veces que se lo pedían el documento de refugiada en francés. "Cuando llegamos a Francia nos separaron a los hombres de las mujeres y nos dejaron en la arena, allí dormíamos", apunta como el recuerdo que tiene de uno de los campos de concentración más duros, ya que estaba en la playa. "Un año que vine me traje a mi madre, fuimos a Zaragoza y se escondía debajo de los coches en cuanto vió a unas personas de verde. Tenía miedo de que la reconocieran... ¡Pero eran barrenderos!", cuenta divertida. "Tenía miedo, mucho miedo", añade con tono de resignación. Hizo su vida en Francia, a pocos kilómetros de Saint-Tropez, dedicada en su trabajo a cuidar niños en un hospital hasta que pudo volver al pueblo que la vio nacer en septiembre de 1937.

"Obligación moral e institucional de recordar"
Si el año pasado fue Leciñena, en esta ocasión Albalate del Arzobispo ha sido el lugar elegido para conmemorar el 8 de mayo desde Delegación del Gobierno. Representa a uno de los territorios que sufrió de forma notable la guerra y sus consecuencias, y este viernes se ha recordado a todas. Acompañado por los subdelegados de las tres provincias, el delegado del Gobierno en Aragón, Fernando Beltrán, ha hablado de respeto con las familias y de obligación de recordar de las instituciones. "Tenemos la obligación moral, institucional, de recordarles. Tenemos la obligación de hablar de ellos, hablar de sus casos porque todas estas personas exigen y merecen respeto", ha dicho.
Ha defendido que con estos actos no se está reabriendo ninguna herida. "Todo lo contrario, lo que tratamos es de cerrarlas. Cada vez que a una familia se le devuelve el cuerpo de un familiar que originalmente pudo estar en una cuneta o luego fue llevado a Cuelgamuros, esa familia cierra una herida, encuentra la paz que durante tantos años se les ha negado", ha añadido. Beltrán enumeró el espíritu de la Ley de Memoria Democrática, en la que se busca recordar a la sociedad lo que pasó. "Buscamos conminarnos a nosotros mismos a que no se vuelvan a repetir esos hechos, dar paz finalmente a las familias y que la gente joven también recuerde que la democracia y nuestro estado de bienestar en España no se consiguió solo".

"La juventud no deber ser motivo de olvido, sino de compromiso"
Se ha recordado que hay países en los que se están produciendo deportaciones sin legitimidad legal de migrantes y persecuciones por ideología. "Tenemos que esforzarnos al máximo para que esto no suceda nunca en España", ha apuntado Beltrán. A no olvidar instó también la alcaldesa de Albalate del Arzobispo, Celia Trullén, que recogió el guante de la juventud. "A mis 30 años me considero del sector joven y creo que es muy importante no olvidarnos de la historia y engrandecer este tipo de actos y formar parte de ellos. La juventud no debe ser motivo de olvido, sino de compromiso", valoró.
El acto fue más especial si cabe para la familia de la primera edil, ya que Antonia es su tía. "Para ella, y para toda la familia, es muy significativo poder estar aquí y seguro que mucha gente se reconocerá en su historia, que por desgracia es la de tantas personas. Muchas personas salieron e hicieron su vida, pero muchas han retornado a sus orígenes", añadió.

Recordando a Lorca
A los parlamentos se sumaron el presidente de la Asociación Pozos de Caudé, Francisco Sánchez; y el director de la Cátedra 'María Domínguez' de Memoria Democrática de la Universidad de Zaragoza, Alberto Sabio. Empezó con Federico García Lorca, de quien extrajo una de sus frases para tratar de definir el momento. "Lorca decía que recordar hacia mañana es decir miramos hacia atrás en el tiempo pero para marcarnos en los senderos de futuro de presente y de futuro. Creo que recordar hacia mañana es la filosofía de este acto", dijo.
Sabio alertó de que "no hace tanto tiempo de esto". No hace tantos años en los que mucha gente tuvo que salir para no perder la vida para mantener sus ideas y tener una oportunidad de futuro. "Nos parece que el exilio es algo muy lejano y fue algo que lo tenemos aquí, que sucedió en estos pueblos de la provincia de Teruel y en general de todo Aragón", añadió. Homenajeó con breves semblanzas a algunas personas de la provincia que salieron exiliadas y recordó que la palabra exilio no se empleó hasta el siglo XX y que hasta entonces se decía destierro con "connotación de desarraigo" y antes, ya desde el siglo XVII, refugiado.
El broche lo puso una ofrenda floral en el centro de la sala imponente del castillo. Se colocaron las flores a los pies del cartel conmemorativo del 8 de mayo editado por el Ministerio antes de romper toda la sala de autoridades y vecinos que se acercaron con un aplauso sonoro.








El detalle de los campos en las playas francesas recuerda la realidad incómoda del exilio republicano, que no solo sufrió el rechazo del régimen franquista, sino también la cruel, salvaje y despiadada dureza de una Francia democrática que internó a miles de refugiados en condiciones inhumanas y miserables. A cada uno lo suyo.
…como siempre,acertado.