Desde la ermita del Carmen y con el sol ya escondiendo todo su poderío, la distribución de los faroles va rápida. No es cosa fácil, porque son unos 150 que hay que coordinar para que salgan en la procesión en el orden correcto según el misterio al que pertenezcan. A las 21.00 ya está todo preparado y todo el mundo que ha subido hasta el Carmen tiene su papel asignado. Otros se irán sumando en el pueblo cuando la procesión alcance el casco urbano. Allí se añadirá la peana y también el grupo de Rosarieros, que en la noche del 21 de agosto tienen un papel destacado y esperado. Juntos, avanzarán tras el abanderado que abre la procesión sobre su caballo.
El Rosario de Cristal de Híjar es algo singular. El año pasado, con motivo del aniversario, acompañó un grupo de Zaragoza y luego en octubre Híjar llevó sus 'farolicos' a las fiestas del Pilar como pueblo invitado. No abundan en el territorio y desde hace años va tomando más auge entre la población, que no solo sale a ver pasar la procesión, sino que también forma parte activa de ella. "La gente que custodia faroles en casa los saca para la procesión, y quienes no tienen y quieren llevar uno, vienen y se les asigna. Eso es lo importante, que ninguno se quede sin salir en esta noche", dice Joaquina Pérez. Lleva años ocupándose de la coordinación de la procesión, además de ser la voz que va rezando el rosario durante las casi dos horas de recorrido.
Su marido, Jesús Sanz, no se separa de ella. Juntos llevan a cabo esta tarea que no empieza y termina con la procesión, ya que velan de la puesta a punto de cada pieza y de que luego queden guardados correctamente en la iglesia. "Lleva trabajo, pero hay que hacerlo porque esto no se puede perder. Este año damos gracias de estar aquí porque la salud me jugó una mala pasada", asegura. Como él, la mayoría de quienes salen en la procesión lo hacen con sus pensamientos dando gracias por estar un año más en el Rosario y también pidiendo por uno mismo o por seres queridos.
Entre los que se preparan hay muchos rostros jóvenes. Las Reinas y Damas de Honor encarnan a este sector de la juventud, pero hay niños, niñas y gente de mediana edad que lleva con orgullo sus faroles, velas y también estandartes que por la mañana llegan allí portados en la procesión del Pan Bendito con los danzantes. Unos llevan el traje baturro y otros van de calle, pero todos comparten la misma misión de garantizar que el Rosario de Cristal sea inmortal. Los mayores a quienes las piernas ya no acompañan tanto, asisten al momento desde las aceras y las puertas y ventanas de casa.
"La gente acude y participa porque es una noche muy especial. Desde el Ayuntamiento llevamos unos años destinando una partida al arreglo y adquisición de faroles con el fin de completar todos los misterios", dice el alcalde, Jesús Puyol. Cerca de él está Joaquín Pina. Conocido como Padre Pina es uno de los hijaranos que no se pierde los momentos especiales de su pueblo por mucho que esté lejos.
Por su implicación, el Ayuntamiento lo nombró pregonero de fiestas. "Estoy feliz y muy emocionado, cuando me lo dijo el alcalde fue una alegría y estoy viviendo unas fiestas especiales. La gente me está dando mucho cariño, y es que Híjar es mi pueblo", aseguraba mientras atendía a vecinos que incluso le pedían hacerse fotos juntos. La labor y la huella del mercedario es profunda en Híjar donde sigue participando en colonias con los jóvenes y donde su trabajo con el fútbol sigue vigente.























