La ermita del Cid de La Iglesuela luce aún más espectacular tras las labores de restauración que han permitido sacar a la luz su decoración original además de descubrir una antigua hornacina oculta. Todo ello en unos trabajos que la Fundación Santa María de Albarracín ha llevado a cabo para la consolidación estructural tanto de la bóveda como de los paramentos. Los vecinos pudieron conocer el pasado sábado el nuevo aspecto de su querida ermita y los detalles de las labores de primera mano gracias a una presentación por parte de la Fundación.

La ermita se estaba abriendo porque las bóvedas habían cedido y también se producían filtraciones tanto por el tejado como por capilaridad. Las grietas eran de gran tamaño y se estaban separando las capas de mortero además de sufrir pérdidas de policromía y suciedad. Por ello, primero se inyectó cal en las grietas pequeñas y en las grandes y después se selló todo con mortero de cal y después con uno específico de restauración más similar a los yesos sobre los que estaba la policromía para encima poder realizar la reintegración y el acondicionamiento estético. Se limpiaron también todos los muros con diferentes medios mecánicos y químicos y se eliminaron capas de barniz oxidadas y también de policromías que se encontraban, sobre todos en la parte inferior cubriendo las originales.

Esta última labor permitió descubrir el zócalo original, con una decoración geométrica y floral muy bonita y colorida que sí estaba a la vista en la parte superior. En los muros también había algunos repintes que cubrían la policromía original y que también se han retirado. «Está totalmente decorada con motivos florales y también han aparecido muchas cartelas con textos en latín que se han podido recuperar. Se pueden ver ángeles, muchas frutas, animales, muchos pájaros… una decoración muy barroca», explica Rosana Herrero, coordinadora del Centro de Restauración. La decoración de los zócalos solía ser diferente a las paredes superiores pero igualmente colorida. «Tiene unos rombos en tonos verdes y unas decoraciones florales en azules y sobre un tono ocre. La ermita está completamente policromada hasta los pies», precisa Herrero, quien ha coordinado a los seis restauradores que han trabajado durante dos meses.
Además, se ha descubierto una hornacina oculta y que en algún momento alojaría un santo. De hecho, en la presentación hubo vecinos que comentaron que se conservaban fotos. «Al ir quitando morteros superpuestos nos dimos cuenta que había un hueco. Enfrente estaba todo pintado con un tono neutro y al sacar la decoración original quedó patente que en su día hubo un retablo porque se ve su silueta en blanco y todo lo de alrededor decorado», detalla.
Estas labores se han centrado en el tramo de entrada principal y el bajo coro y aún queda por acometer trabajos en un poco menos de la mitad de la ermita (la parte de arriba del coro, otro tramo completo y toda la cabecera con el altar y sus dorados). Unas zonas en las que también se prevé que puedan repetirse los descubrimientos. «Una vez que vimos lo que hemos sacado en estos trabajos también hicimos catas en lo que no se iba a restaurar por ver si se correspondía con toda la ermita y si merecía la pena sacarlo a la luz o no. Vimos que en más zonas del templo aparecen los zócalos con la misma ilustración y que en el siguiente tramo las tintas neutras también están tapando parte de decoración, por lo que ahí también debía de haber otros retablos que se han perdido», añade la coordinadora. Por ello, el alcalde, Fernando Safont, ya ha confirmado que van a seguir buscando ayudas- la intervención actual es un FITE de 54.000 euros- para seguir trabajando.







