La música está presente en el día a día de Ignacio Pina Cortés (Mas de las Matas, 1990) como lo está en el de toda su familia. Sus padres se la inculcaron a él y sus hermanos desde niños y es su medio de vida. Parte del tiempo lo comparte con su hermano Lucas con quien cada fin de semana se encarga de animar el cotarro que se ponga por delante con la discomóvil.
Con Disco Cube montan las fiestas que sean necesarias tanto si son discotecas de cualquier pueblo, o celebraciones familiares como bodas o eventos de todo tipo. Aparte, también sonorizan y alquilan equipos. «Ahí se aprende mucho del trato con el cliente y a que la relación con él y la comunicación es lo fundamental», dice. «Creo que buena parte del éxito reside en eso, en hablar, saber qué busca y darle lo mejor, luego analizar y sacar aspectos a mejorar y mejorarlos, siempre hay un margen para hacerlo», añade. Que una fiesta salga bien requiere de conocer el lugar para distribuir bien la sonorización, prever el material y anticiparse. «Trabajar a medida del cliente y dedicando muchas horas y mucho cariño para que lo difícil parezca fácil», considera.
Esta reflexión la aplica a todas sus facetas artísticas, ya que también realiza vídeos y sesiones fotográficas. Con su cámara ha captado festivales varios y a artistas tanto locales y de la zona como de calado mayor, así como eventos de grupos o asociaciones. «Creo que lo más gratificante es el trabajo directo con el artista, porque en cierta manera tengo algo más parecido con ellos. Hay de todo, pero he tenido la suerte de cruzarme con gente de una candidez enorme», añade. Un ejemplo de sus trabajos es la realización de vídeo-currículums, de lo que hubo un estallido tras la pandemia. «Son vídeos de presentación para los representantes o para los ayuntamientos de cara a contrataciones. Haciendo esto el artista marca la diferencia entre vender el producto y mostrarlo». Y conseguirlo depende de si el protagonista colabora o no, y cuanto más aporte será mejor. «Es como hacerles un retrato en movimiento», dice Ignacio. «Igual que con las fiestas, esto es como hacer un traje a medida también, eres un sastre», añade.
En cuanto a nombres es cauto y mantiene la confidencialidad. De hecho, no tiene redes sociales propias, y quien cuenta con sus servicios lo hace por el boca a oreja. Parte de su trabajo se puede ver en la cuenta Instagram de Disco Cube, donde el material audiovisual es suyo.
Clases de percusión
La afición a la foto y el vídeo la adquirió de niño en los viajes en coche con sus padres con los que casi se recorrieron todas las provincias. «Entre la inquietud insaciable por conocer de mi padre, y la sencillez de mi madre de saber siempre qué es lo importante, en esos viajes se despertaron inquietudes», reconoce. La típica cámara familiar llamó su atención y con las fotos que tomó con ella ganó un concurso y con el premio se compró su primera digital. De casa le viene la pasión por la música, a la que considera de las artes la más elevada. «Puedes tocar un instrumento pero si no, porque eres irremediablemente malo, puedes deleitarte escuchándola o sintiéndola», sonríe.
Los días laborables los dedica a dar clase de percusión, su actividad principal de sustento. Imparte en la Asociación Amigos de la Música de Mas de las Matas, en la Asociación Musical Gaspar Sanz de Calanda, y en las escuelas de música de Alcorisa y Andorra. Defiende la labor de estas agrupaciones, así como las bandas municipales en los pueblos. «Hace 30 años la banda tenía una función social, de encuentro y de orgullo y representación. Creo que esa labor está infravalorada aunque cada vez haya menos gente salvo excepciones como Alcañiz, que es más grande, o Valderrobres, donde hacen un trabajo muy bueno por seguir uniendo al personal», dice. Él trabaja desde Mas de las Matas, donde se instaló con su pareja Tanit, que dejó Badalona y sus 200.000 habitantes; y en febrero nació Nuei, que «ha sido la gran alegría de los dos», sonríe.







