Cumplir una promesa no siempre es fácil y menos cuando la meta es ni más ni menos que la Champions League. Sin embargo, el jugador georgiano del París Saint-Germain, Khvicha Kvaratskhelia -Kvara-, hizo realidad este sueño deportivo, junto al castelserano José Carlos Molinos, que es desde hace cuatro años su fisioterapeuta, preparador físico y recuperador. Para el técnico, trabajar en una final de esta liga era uno de sus objetivos: «Es un sueño muy bonito y ahora toca asimilarlo y disfrutar de este momento. Kvara me dijo un día jugaría la Champions y que yo le acompañaría», recalcó después de que el PSG se hiciera con la copa europea.

Molinos había trabajado hasta el momento en clínicas privadas, en el Real Madrid, en la selección de Qatar y en el CAR de Sant Cugat con los deportistas olímpicos, entre otros, por lo que estaba ya especializado en el deporte de élite, aunque no trabajaba habitualmente con los jugadores de forma individual. El propio Kvara fue la razón de que cambiara su rumbo profesional cuando le propuso que formara parte de su equipo. Por aquel entonces, el jugador estaba en la liga rusa y apuntaba una gran proyección.
El tándem no solo funciona a la perfección en lo profesional, sino que también ha hecho buenas migas en lo personal. «Yo conozco a toda su familia y él a la mía. Se ha ido generando un vínculo muy bonito y de mucha conexión entre nosotros, que hace también que el trabajo sea más cómodo», explicó. La relación entre ambos permite a Molinos anticiparse y sacar «más partido» el uno del otro, ya que conoce bien sus debilidades y fortalezas.
Confianza mutua
La confianza en el fisioterapeuta también es plena, lo que facilita la intervención cuando es necesaria, y permite incluso que el propio Kvara demande las técnicas de tratamiento que emplea el castelserano, cuando son pertinentes. «Siempre he pensado que es fácil tener cierta confianza con los fisioterapeutas porque trabajamos con el cuerpo y nos convertimos un poco en psicólogos porque el paciente se abre y de forma natural nos cuenta cosas», apuntó Molinos.
Si bien cada uno forma parte de la vida del otro, el georgiano todavía no ha podido conocer uno de los lugares más especiales para su compañero, Castelserás. Molinos regresa cada año a su localidad natal, en verano y Navidad, para visitar a su familia y reencontrarse con sus amigos. Asegura que es «muy» de su pueblo. «Es donde desconecto y me encuentro con mis raíces, es un sitio donde soy muy feliz. Kvara acabará viniendo, le he hablado mucho de Castelserás y está deseando conocerlo».







