El cardenal Juan José Omella, arzobispo de Barcelona y natural de Cretas, ha participado recientemente en el Cónclave para elegir al nuevo Papa, una experiencia que describe como «llena de emoción y responsabilidad».
¿Ha podido disponer ya de algún tiempo para descansar tras las intensas semanas recientes?
Más bien poco. Porque claro, tantos días fuera de Barcelona me encontraba encima de la mesa muchos temas que tenía que resolver y encauzar. A ver si encuentro algún rato para descansar. A pesar de ello, gozoso del trabajo realizado.
¿Cómo han transcurrido estos días por Roma?
Han sido unos días de dolor por la pérdida del Papa Francisco. También de mucho trabajo viendo en el precónclave cuáles eran los retos que nos plantea el mundo de hoy para poder buscar el perfil de persona que pueda encauzar o esa respuesta como Papa, como sucesor del Apóstol Pedro. El momento del cónclave fue de mucha responsabilidad y de mucha emoción. Para ser más específico, hubo un momento que me emocionó muchísimo: cuando ya se había tomado la decisión de elegir al Papa y antes de salir públicamente para informar de quién era, la plaza de San Pedro se llenó de gente y escuchábamos el griterío que decía ¡Viva el Papa! ¡Viva el Papa! Estaban invadidos por la emoción sin saber todavía quien era el nuevo Papa. Me parece tan especial. Esa fe, esa confianza en que la Iglesia la está guiando el Espíritu Santo y Dios.
Guiados por el Espíritu Santo, escogen al nuevo Papa, en este caso los 133 cardenales con voto. ¿Estudian a la resta de cardenales para facilitad la elección del nuevo pontífice?
Bueno, tenemos evidentemente un conocimiento. Algunos periodistas decían que los cardenales no nos conocíamos. Y el caso es que la gran mayoría nos conocemos. Unos destacan más, otros se conocen más por su función por su trabajo, etc. Pasaron casi nueve o diez días previos al cónclave, por lo que tuvimos tiempo para hablar, vernos y escucharnos, y eso también felicita un mayor conocimiento.Fue un cónclave corto, breve porque hay una coincidencia, hay una mirada de fe común y de deseo de responder a los retos del mundo de hoy.
Una elección temprana, eso quiere decir que rápidamente quedaron de acuerdo en que Robert Francis Prevost debía ser el Papa de Roma. Apodado con el nombre de León XIV, cuéntenos, ¿cómo es el Papa de Roma?
He tenido la suerte de conocerlo desde hace cuatro años en la congregación de obispos, ya que él era miembro como yo. En esa congregación, al hablar también el castellano, venir de Perú, de Chiclayo, donde sucedió a un obispo aragonés, que es el anterior obispo de Chiclayo, anterior de Robert Prevost, llamado Jesús Moliné, tuve facilidades para estar en contacto con él, y a partir de ese momento nació una buena relación. Después él ha sido prefecto durante dos años de esa congregación, con lo cual me ha llevado a trabajar y a hablar con él con más frecuencia y más profundamente. La verdad es que es un hombre muy sencillo, que sabe escuchar mucho y que siempre intenta compartir las soluciones. No es un hombre que se impone, sino que comparte y a mí me parece una actitud esencial para un buen gobernante.
Sé que no pueden hablar de lo que acontece dentro de la Capilla Sixtina, pero me gustaría saber lo que se siente dentro de ella.
En primer lugar, yo sentí una gran emoción por entrar allí, solo había estado una vez con una peregrinación que hice con los feligreses de Calanda cuando estaba de cura. Me impresionó tener tanto tiempo para contemplarla, eso me impactó mucho. En segundo lugar, sentir que estábamos allí encerrados en un acto de gran responsabilidad que caía sobre nosotros, que era elegir el papa que la Iglesia necesita en este momento. Y cómo nosotros teníamos que de alguna manera, intentar encontrar la respuesta que Dios ya tenía en su corazón. Esa responsabilidad también da paz, pero también tensa. Fueron días en los que sentí mucha emoción y esperanza.
Durante esos días previos a la elección en Ciudad del Vaticano, ¿se le pasó por la cabeza el poder convertirse en Papa?
Antes de entrar, me decían que aparecía en la lista de algunos periódicos como candidato. Yo me alegraba porque me pusieran en ella, porque eso quiere decir que quien entra Papa, sale cardenal, que es lo que yo deseaba, y así ha sido. Estoy muy contento de seguir siendo el obispo de Barcelona.
¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrenta la Iglesia en esta nueva etapa?
Esos retos son los mismos que tiene la propia sociedad, pero a la Iglesia, en concreto, le corresponde el tema del gran reto de la evangelización, y además en Europa. Hay un cierto desafío de que la religión se está perdiendo peso, hay que estar muy atentos. Días previos antes de la muerte del Papa estuve en Marsella, en Francia. Luego estuve en Córcega, predicando en los dos sitios. Descubrí que este año se bautizaron en Pascua jóvenes de entre 18 años y 30, l0.300 bautizos, lo cual quiere decir que en una Francia laica hay brotes verdes muy importantes. Lo mismo está sucediendo en Cataluña, y sobre todo en Barcelona, que está muy secularizada. La fe sigue vigorosa, pero hay que estar atentos para seguir evangelizando al mundo. En África y Asia, por ejemplo, está creciendo muchísimo, pero hay todavía mucha gente que no conoce el mensaje de Jesucristo. Otro de los retos pendientes es la familia, porque es la base de la sociedad y de la Iglesia. No podemos olvidarnos de la juventud. ¿Qué va a pasar con la Iglesia y con la sociedad si no hay nacimientos? yo creo que la transmisión generacional también se tiene que tener en cuenta. Debemos estar muy antentos al tema de la paz en la sociedad, como decía el Papa Francisco y ha repetido el Papa León. La insolaridad es otro punto del que tenemos que preocuparnos: hay gente que se está muriendo de hambre, sin trabajo, que tienen que inmigrar, son tantos retos, ¿verdad? La Iglesia y la sociedad se están enfrentando en estos momentos a ello, y ahora también lo tiene que hacer el Papa.
¿Seguirá León XIV la línea del pontificio anterior?
Por supuesto, en el fondo, el Papa Francisco no hacía más que seguir la línea del Evangelio y del Concilio Vaticano II. Es la línea evangélica y la línea que marcó el Concilio Vaticano II y que el Papa Francisco ha dejado y que seguirá este Papa también.
Cardenal, ¿qué les diría a los fieles del Bajo Aragón Histórico?
Mi querida tierra del Bajo Aragón, donde he pasado tantos años… Como sacerdote y obispo auxiliar también de Zaragoza y todo el Bajo Aragón. Lo recuerdo mucho, es una tierra magnífica y de gente buena en todos los ámbitos y en todas las profesionales. La gente está muy unida y espero que sigan así, que es lo más importante.







