La XI Nit en Blanc de Mazaleón ha reunido a casi 700 personas durante la madrugada del sábado al domingo. La cita mantuvo la asistencia de los últimos años y atrajo también a numerosos visitantes que descubrían el festival por primera vez. Además, la organización agotó todas las pulseras disponibles para la cena de tapeo y completó sin incidencias una programación que se prolongó desde las 20.00 hasta bien entrada la madrugada.
Las guirnaldas de luces que atravesaban las calles y plazas acompañaron al público durante toda la noche. Bajo ellas se distribuyeron mesas para cenar y conversar con copas de vino tinto y blanco, mientras los niños corrían, jugaban y bailaban entre actuación y actuación. Bebés en brazos, grupos de jóvenes, familias y personas mayores compartieron una programación diseñada para todas las edades.
La venta de camisetas, pegatinas y tatuajes temporales completó el ambiente festivo. Tampoco faltaron los vasos reutilizados de anteriores ediciones, de fiestas o de quintos, una medida con la que la organización busca reducir los residuos.
«Lo más importante es que acuda gente, que se llenen las calles y las plazas y que pasemos una noche inolvidable», explicó antes del inicio Yolanda Viver, presidenta de la asociación organizadora. Pese a la experiencia acumulada, reconocía afrontar la jornada con «nervios, ganas e ilusión» y pendiente todavía de los últimos preparativos.
Un recorrido cultural por el pueblo
La programación comenzó a las 20.00 en la plaza con ‘Muévete con los campanos’, una propuesta familiar y musical de la compañía zaragozana PAI. El espectáculo trasladó al público a los años 70 y consiguió que numerosos niños se acercasen para bailar y participar desde los primeros minutos.
Entre las 21.00 y las 23.00, la Replaceta se convirtió en un gran comedor compartido con la cena de tapeo y la cata de vinos. El menú incluyó ensalada de garbanzos, guiso de carne magra, crema de espárragos y un ‘preñat’, una elaboración similar a un bocadillo relleno de chistorra.
El postre consistía en un mantecado tradicional acompañado de una ‘begudeta de codony’, una bebida artesanal de membrillo que buscaba recuperar los sabores de las elaboraciones de las abuelas. Cada plato se sirvió con uno de los cuatro vinos seleccionados para la ocasión.
La carne, la crema de espárragos y el postre recibieron numerosos elogios. Las tapas fueron preparadas por integrantes de la organización y personas voluntarias, con una participación especial de la Asociación de Mujeres Sadurixa. «Nunca fallan y siempre nos ayudan a cocinar. Yo creo que por eso sabe tan bueno», destacó Viver.
La actividad continuó a las 23.30 en el polideportivo con Circ Pistolet. El espectáculo combinó humor y acrobacias y mantuvo especialmente atentos a los niños, que reaccionaban con risas y sorpresa ante cada número. A las 00.45, Las Couchers tomaron la plaza del Molí con una propuesta de clown que provocó continuas carcajadas. «La gente se rió muchísimo y creo que fue muy divertido», valoró la presidenta de la asociación.
El ritmo cambió a las 02.00 en la Llosat, donde Elsa Moreno ofreció un recital de poesía. La ubicación, la iluminación y la cercanía de la actuación crearon uno de los momentos más íntimos de la madrugada, en contraste con el bullicio de las horas anteriores.
El adelanto del correfoc aumenta la participación
Uno de los momentos de mayor afluencia llegó a las 02.45 con el correfoc de Mussols Sokarrats. La organización decidió situarlo antes del concierto, un cambio que permitió reunir a más público que en otras ediciones.
El fuego, las chispas y la percusión recorrieron las calles mientras numerosos asistentes se incorporaban al pasacalles y bailaban junto al grupo. La respuesta llamó la atención de los propios integrantes del correfoc, que destacaron la implicación encontrada durante todo el recorrido.
«La gente se metió mucho a bailar con ellos y a disfrutar de todo el pasacalles», señaló Viver. Durante unos minutos, las llamas sustituyeron a las guirnaldas como principal fuente de luz y dejaron algunas de las imágenes más intensas de la noche.
Arc de Triomf puso el broche final a partir de las 03.45 con un concierto en la plaza. Allí continuaron bailando quienes todavía conservaban energía después de varias horas de actuaciones y tapeo.
La organización cumplió los horarios previstos y desarrolló tanto la cena como las propuestas culturales con normalidad. «Estuvimos muy coordinados y salió todo bien. Cada año aprendemos cosas nuevas y se nota el rodaje de once ediciones», afirmó su presidenta.
Las actuaciones de la XI Nit en Blanc en Mazaleón / Cedido
Una asistencia adecuada para las calles y plazas
La primera actuación atrajo especialmente a familias, mientras que otras personas se incorporaron más tarde para el correfoc y el concierto.
Además de los vecinos de Mazaleón y de quienes pasan el verano en el municipio, acudió público procedente de Alcañiz, La Codoñera, Maella, Calaceite, Cretas y Fórnoles. «Tenemos un público bastante fiel, pero también vimos muchísimas caras nuevas», explicó la presidenta.
«La asistencia es casi perfecta para nuestras plazas y calles. Más gente podría hacer que el festival perdiese parte de su encanto y menos público también lo haría más triste», añadió.
El trabajo colectivo que sostiene el festival
La asociación organizadora está formada por unas once o doce personas que trabajan durante todo el año en la programación. Sin embargo, durante los días de montaje, celebración y recogida, la cifra de colaboradores crece hasta alcanzar entre 50 y 60 personas.
Ese equipo se encargó de cocinar y servir las tapas, montar los escenarios, colocar mesas y sillas, trasladar materiales, atender los espacios y recoger una vez finalizada la noche.
«Está muy bien que venga muchísima gente, pero sin una red de voluntariado detrás no podría disfrutar de todo lo que hay», subrayó la presidenta. «Hay un músculo humano imprescindible y creo que se nota», concluyó.
La organización agradeció especialmente la colaboración de la Asociación de Mujeres Sadurixa, el Club de la Juventud y la Asociación Argilaga, además de la ayuda de particulares y comercios de Mazaleón.
El cuidado medioambiental también estuvo presente en los materiales utilizados durante la cena. Los boles y las cucharas eran compostables y se fomentó el uso de vasos de otras celebraciones para evitar generar residuos innecesarios.
La asociación descansará ahora hasta octubre, cuando retomará el trabajo de cara a la duodécima edición. Las primeras ideas, sin embargo, comenzaron a surgir antes incluso de terminar de recoger.
Mazaleón cerró así una noche de luces, mesas compartidas, vino, risas infantiles, acrobacias, versos, fuego y música. Una celebración sostenida por el trabajo colectivo del pueblo que conserva su público habitual mientras continúa llegando a nuevos visitantes.
























