Un gélido jueves de enero del año 2008, en un hospital de Reikiavik, el doctor Stoltz colocaba un alfil en la mano vencida de Bobby Fischer, quien fuera el mejor ajedrecista del mundo, para que, al apretar en ella la pieza, las venas de su brazo se hincharan y así poder inyectarle una dosis compasiva de morfina que mitigara su dolor. Quizás, en ese trance, Bobby pudiera recordar lo ocurrido en aquella misma ciudad pero hace ya muchos años atrás, en 1972, en el llamado "Encuentro del Siglo", cuando arrebató al ruso Spassky el campeonato del mundo. O más atrás todavía, en 1966, cuando viajó a Cuba para disputar un torneo y…
Y ahí está la voz incomparable de la escritora cubana MAYRA MONTERO, quizás una de las más destacadas narradoras en español de la actualidad, para contarnos con su hábil y deliciosa prosa en "LA TARDE QUE BOBBY NO BAJÓ A JUGAR", qué pasó aquel año en La Habana cuando apareció el afamado Bobby Fischer. Para contarnos y entrelazar dos historias de amor, dos pasiones vividas con una revolución como telón de fondo: una en la Cuba que espera la Revolución y otra en los primeros años del castrismo. En este recorrido iremos conociendo a los principales protagonistas: a un genio llamado Bobby que fue capaz de poner en jaque tanto al imperio ruso como al americano; a Marek, un relojero polaco que se convirtió en Mario al pisar la isla y que cayó rendido a los pies de la madre del gran maestro; a esta mamá de Bobby y, por supuesto, a Miriam, la adolescente que vivió un tórrido encuentro amoroso con el ajedrecista. Hasta el bueno de Nikola Tesla aparece por aquí de perfil, insinuando una teoría que hará las delicias de los conspiranoicos más románticos.
En definitiva, dos pasiones amorosas en dos momentos históricos de una Cuba que ya ha desaparecido y que MAYRA MONTERO recrea con su habitual maestría, contándonos un episodio biográfico que vivió en primera persona.
Esta maestría queda demostrada ya en un comienzo de novela verdaderamente brillante: en apenas tres páginas humaniza al genio, lo despoja de su aureola y nos prepara para un viaje por ciudades que siguen conservando su nombre -Nueva York, La Habana-, pero que ya no existen, en busca de la luz del amor y de la oscuridad de un gran genio: Bobby Fischer.
Miguel Ibáñez. Librería de Alcañiz
La tarde que Bobby no bajó a jugar
Un gélido jueves de enero del año 2008, en un hospital de Reikiavik, el doctor Stoltz colocaba un alfil en la mano vencida de Bobby Fischer, quien fuera el mejor ajedrecista del mundo




