Marc Marginedas periodista en El Periódico especializado en Rusia y en el mundo árabe-islmámico, fue secuestrado 178 días por el Estado Islámico en Siria. Su historia quedó recogida en el documental, 'Regreso a Raqqa', donde narra el cautiverio y el regreso a la vida profesional tras la liberación. Acaba de publicar su libro 'Rusia contra el Mundo'. Durante el VII Curso de Periodismo de Alcañiz formará parte de la mesa 'Dos corresponsales de guerra más allá del abismo de su propio secuestro. ¿Hay límite en el propósito de vida?'
¿De qué va tu libro?
El libro se llama ‘Rusia contra el mundo’. Son más de dos décadas de terrorismo de estado, secuestros, mafia y propaganda. Se trata de una investigación de cinco años en la que explico un poco cómo funciona Rusia, cómo se ha consolidado el poder de Putin a nivel interno y cómo en este momento se ha convertido en una verdadera amenaza.
A ti te tocó escapar de Moscú...
No fue escapar, sino que simplemente yo percibí que las cosas estaban ya muy complicadas para mí. Había sentido durante el último año cada vez más presión del Gobierno y de hecho, tuve un par de avisos.
¿Hubo relación entre Rusia y partidos políticos españoles como Podemos como se ha llegado a hablar con el indepenedentismo en 2017?
Hubo contactos entre el independentismo y representantes rusos, según quedó acreditado en diversas investigaciones. Uno de los protagonistas fue Víctor Tarradellas, quien se presentó en Moscú como emisario del entonces presidente Carles Puigdemont. Durante su visita, ofreció el reconocimiento de la anexión de Crimea por parte de Rusia a cambio de que Moscú reconociera una Cataluña independiente.
¿Es muy diferente lo que hace Israel con Palestina que lo que hace Rusia con Ucrania?
Es muy difícil medirlo, nunca he estado en Israel. Yo he trabajado en el mundo árabe siempre desde el punto de vista interno. He vivido revoluciones y elecciones en el mundo árabe, pero mi contacto con el conflicto árabe-israelí se limita siempre a la ofensiva israelí en el Líbano en el año 2006, donde yo verdaderamente percibí que el ejército y la aviación israelí se sienten totalmente impunes a la hora de afrontar sus aventuras bélicas. Una de las cosas que más me impactaron fue ver un hospital con una bandera enorme de Cruz Roja y que estuviera rodeado de bombas de fragmentación, un tipo de armamento que está prohibido utilizarlo contra objetivos civiles y en lugares poblados.
Fuiste secuestrado en el mundo árabe y lograste liberarte en 2014
Solo te puedo decir que estaba bastante enfermo y la persona que aparece en los vídeos que luego fue abatido por el ejército norteamericano me dijo que era momento de irme.
¿Cómo se vive eso psicológicamente?
Es un proceso interno y como corresponsales de guerra, tanto Javier, Ricardo y yo, estamos expuestos a entornos violentos. Lo que consideramos que se trata como un accidente laboral, que puede ser muy duro y muy difícil de sobrellevar pero que no es un trauma como tal.
¿Llegáis a asimilar ese nivel de dureza?
Estamos preparados psicológicamente para cualquier acto violento que se realice en contra de nosotros y eso hace las cosas más fáciles. Para mí, para la gente que ha sufrido un secuestro o para las familias de los secuestradores y asesinados, me parece importante que encuentren un sentido. Para esas familias que vieron a sus seres queridos morir ante las cámaras, ante los ojos de todo el mundo, digamos, puede que haya sido más llevadero porque han creado fundaciones con sus nombres para llevar a cabo tareas y ayudar a las personas. En el caso de los Foley, se dedican a defender los derechos de los rehenes y de los secuestrados americanos en el exterior o de los ciudadanos detenidos legalmente. En el caso de los Sotloff a entrenar periodistas de guerra y conflictos.
¿La muerte de un periodista de guerra es también un accidente laboral?
Es difícil saberlo. Desde mi punto de vista, yo fui objeto de un accidente laboral. El primer año fue muy duro y difícil porque me tuve que enfrentar a la presión mediática. Había mucha gente interesada en conocer todo lo que habíamos vivido durante el secuestro y tardamos un año en explicar todo lo que habíamos vivido, que fue cuando ya supimos que lo que explicamos no tendría ningún efecto ni podría empeorar las condiciones de aquellos que se habían quedado atrás. Fue difícil afrontar presiones de todo tipo, recibir a los familiares de mis compañeros secuestrados a los dos días de llegar a mi casa en Barcelona porque al fin y al cabo era muy importante mantener el secretismo. Fue muy duro cuando empezaron las ejecuciones y ver cómo los medios de comunicación cayeron un poco en la trampa de estado islámico que fue emitir las imágenes de la ejecución, que eran imágenes claramente destinadas a reclutar a gente.
¿No deberían haber sido emitidas?
No me quiero pronunciar. Pienso que los periodistas tenemos que hacer una reflexión acerca del efecto que pueden tener nuestras imágenes. Esas imágenes de los rehenes arodillados y vestidos de naranja se han convertido en icónicas totalmente, y a partir de ahora, evidentemente, cualquier rehén que quiera ser ejecutado por un grupo radical va a ser ejecutado de esta forma. Ellos querían enviar la imagen de que estaban ejecutando a un soldado. Una de las cosas que aprendí en la universidad cuando trabajé es que un periodista solo tiene que vigilar que sus informaciones sean correctas, que respeten y que no sean productos de manipulación, además de medir las consecuencias.
Al volver a España, ¿desde los medios de comunicación se os ofrece asistencia psicológica?
Yo no tuve ningún problema y en mi diario sentí mucho apoyo por parte de ellos. Me sentí bastante arropado. El tema de la asistencia psicológica es fundamental. El estar durante seis meses desconectado del mundo y volver a reconectarte con todo y con tu familia requiere un proceso de adaptación.








