En 2020 María Ruiz apostó por Belmonte de San José para abrir un refugio de escritores. Han pasado unos 70 huéspedes y se han organizado encuentros con autoras como Cristina Morales, Premio Nacional de Narrativa. Para 2024 ya tienen planes
¿Cuál es el origen de La Casa de Escritores y por qué en Belmonte?
Detrás estoy yo con Jordi, mi pareja. Nacimos en Barcelona pero somos muy nómadas. De hecho, hasta que se masificó, veníamos de estar 4 años en Mallorca. Viajo a Barcelona por trabajo y buscábamos establecernos cerca y Belmonte lo está. Yo tengo «casitis» porque me encanta buscar casas (ríe) y apareció el pueblo del que no sabíamos nada, pero la primera impresión fue brutal. Arreglamos la casa y seguimos en ello, este año hemos puesto la nueva instalación eléctrica en la segunda planta, es una casa centenaria y poco a poco la vamos renovando.
Seguro que a los huéspedes no les importa. ¿Quién viene?
Saben bien a dónde vienen. Me hace mucha gracia un perfil muy concreto que tenemos, que a veces es lógico porque son amigos de gente que ha estado, y funciona el boca oreja. Vienen de Euskadi, Comunidad de Madrid, Galicia, Andalucía, Baleares… Luego, en general pasan muchas mujeres muy feministas de 30 a 45 años, pasan muchos hombres, gente homosexual, no homosexual, gente con tatuajes, sin ellos… Desde 2020 hemos hospedado a unas 70 personas y el 80% vuelve.
¿El resultado literario es parecido?
No, es muy dispar; hay mucha riqueza. Tenemos desde novela gráfica hasta fantasía con dragones… Últimamente nos ha llegado un libro sobre sobre el Palmeral de Elche, que escribió aquí la directora del archivo de Elche. En esta casa se han terminado varias obras, y aparecemos en agradecimientos y algunos relatos.
¿Cómo fue el inicio?
Manuel Guedán fue el primero y nos contactó por mail. Habíamos abierto algo nuevo y no podía creer que nos escribiera un escritor que lo había visto, lo había entendido y que quería venir.
¿Guardan buena relación?
Sí, con el 99,999% de los huéspedes se establece una relación a largo plazo, muchos son ya amigos. Es lo mejor, con este proyecto he conocido a gente fantástica y con mucho talento.
Esas suelen ser las más humildes.
Las que he conocido sí, pero igual el resto va a otros sitios.
Bueno, eso podría ser.
Yo ofrezco lo que ofrezco: dos baños y cuatro habitaciones y si la casa está llena compartes baño. Pero eso, el precio y todo, atrae a un tipo de gente que a mí me está enriqueciendo mucho y que de no tener la Casa no conocería.
¿El trato cercano atrae?
Creo que sí. En 2023 nos unimos con la casa rural de Belmonte, Filou, para realizar el ‘Primer Encuentro Sonado con la Premio Nacional de Narrativa Cristina Morales’. La regenta mi amiga Nele Vanparys. Entre las dos casas hubo sitio para 15 personas. Fue una gran carta de presentación y su estancia nos está trayendo a más gente. La autora vino porque le atrajo un sitio pequeñito de la España Vacía. Solemos tener a personas de ciudad y creo que si se tratase en positivo, España Vacía como marca tiene potencial. Por desgracia, no siempre se entiende en el propio territorio por mucho que estas personas también sean turismo. Es un turismo de calidad de gente educada que aporta al lugar, además de que también se deja dinero en comercios.
Este proyecto es filantropía pura.
Total. Me dedico al sector de la publicidad, soy freelance y entiendo la vida así: vivo con lo justo y necesario, sin gastos superfluos, mi ropa es siempre la misma y tampoco gastamos en viajes; la gran aventura para nosotros es que venga gente interesante a esta casa. La necesidad de conocer talento me puede, no tiene precio. Si tuviera mucho dinero sería un escándalo porque tendría una mansión y estarían todos invitados. Ahora hago lo que puedo y estoy encantada porque funciona.
¿Qué se cuece en la cocina?
Cada uno se ocupa de su comida pero terminan compartiendo o cocinando juntos. Conversan, se aconsejan, se conectan para proyectos conjuntos… Aquí se trabaja mucho, cuando llego por las mañanas no se escucha nada, la gente está escribiendo en sus cuartos y me consta que eso no sucede en todas las residencias. Cada huésped tiene un lugar propio con luz natural, un balcón, y espacios comunes como la terraza, biblioteca y salón. Saben que siempre estoy aunque no sea físicamente, están respaldados pero sin agobiar; esa medida la cuido muchísimo.
Y sé que confían en usted.
A veces me dan a leer sus cosas y mi opinión les ayuda porque no digo «qué bonito». He sido redactora muchos años y soy muy crítica, lo leo todo muchísimo. Ahora estoy con un curso de lectora profesional para poder leerles con más eficacia.
La Beca para noveles es su seña de identidad. ¿Continuará?
Eso seguro. Para darnos a conocer, en pandemia pensamos en una beca para narradores noveles; la financiamos nosotros porque ves a autores brillantes que lo están dando todo y lo tienen muy difícil. Desde la primera hemos contado con un gran jurado; personajes emblemáticos de mucha actualidad como Sergio del Molino, Sabina Urraca, Milena Busquets, Manuel Guedán, Nuria Labari o Ramón Mur. Este año contaremos con Elvira Lindo. Cuando creo que hay talento intento ayudar. Tengo algunos contactos y en algunos casos he conseguido que chicas becadas estén publicando. Es una fortaleza: las conexiones.
¿La Casa es más que la casa?
Más allá de albergue para escribir es un trampolín para que sucedan otras cosas. De aquí nacen encuentros como el de Cristina Morales y para 2024 hemos invitado a autores como Javier Peña y Kiko Amat y, si vienen, generaremos nuevos encuentros. Estamos preparando el libro de La Casa de Belmonte con la historia del proyecto, en el que intervienen los autores que han pasado por ella. La idea fue de un editor que se hospeda muchas veces aquí y, si va bien, lo publicaremos en 2025.
No es mucha la gente que puede vivir de la cultura. ¿Qué piden?
Apoyo. Ya no hablo de dinero, que ojalá tuviésemos alguna ayuda porque una casa antigua tiene muchos gastos. Pero sobre todo hablo de que te apoyen en el pueblo y te dejen hacer. A veces se trata de tener el respeto de administraciones y entorno empezando por lo más cercano. En cuanto a subvenciones, hay pero enfocadas a lo online y audiovisual, lo entiendo porque son temas en despegue, pero se dejan a una parte. Somos muchos en diferentes pueblos haciendo cosas por nuestra cuenta y la gente viene y participa. Quizá habría que unirse y lo vamos a intentar. Con Filou estamos empezando a hacer encuentros con personas creativas de la zona para unir talento y organizar actos culturales juntos.







