«Me gustaría que las mujeres creativas del territorio nos unamos y hagamos cosas juntas», dice Anna Martín González. Está al frente de Lavandanna Rancho Río Martín, un proyecto «vivo», y a los hechos se remite porque empezó como un terreno para sembrar lavanda para aceites esenciales y ahora no tiene límites. El mundo de los tintes todavía no lo ha explorado. Lo ha hecho tímidamente para velas y jabones con remolacha, lo único que hasta la fecha le ha funcionado. Alguna técnica la ha aprendido de Sara Bosque, La Chica Cabeza de Bosque, que desde La Puebla de Híjar se dedica a las tinturas naturales y estampaciones botánicas. «Cuando hemos coincidido me ha enseñado muchas cosas pero es algo que tengo pendiente y por eso digo que me gustaría crear sinergias. Es algo que sucederá», avanza. Y es que ambas se sirven de lo mismo: de la naturaleza más cercana.
Lavandanna tiene su origen en la costumbre de las mujeres de la familia de Anna de reunirse una vez al año para recoger espliego a San Macario en Andorra. Lo cortaban en trocitos y lo embolsaban para aromatizar. «Era un día de comunidad entre mi madre, sus hermanas, mi hija… También hacíamos aceites esenciales y ungüentos varios», recuerda sonriente. Entre ella y su hija impulsaron Lavandanna en Ariño, en unos campos yermos de su padre. «Me crié en Andorra y cuando volví de viajar por el mundo me instalé en Ariño. Mis tías habían fallecido y queríamos que ese recuerdo y esa costumbre perdurase de alguna manera y nos lazamos con el campo», explica. «Nos dimos cuenta de que la minería había relegado a un segundo plano a la agricultura y quisimos recuperarla», apunta.
Comenzaron con la lavanda y Anna se fue a visitar proyectos que ya lo hacían para aprender. Se sigue formando y acude a todo lo que organiza el CITA, y con el tiempo se ha sacado cursos en poda y en todo lo imaginable relacionado con el campo, además de hacerse con todos los permisos requeridos para recolecciones. «Es todo más difícil de lo que pensábamos», ríe. Comenzaron a acudir a ferias para darse a conocer y ahí se dieron cuenta de que «la gente estaba sedienta de saberes ancestrales». De cada pueblo visitado se llevaban más historias y más recetas porque es la gente mayor la que más disfruta con sus explicaciones. «Viajan a aquellos tiempos en los que ellos hacían vino de nueces, por ejemplo», añade. Al ver el interés se asesoraron con una bióloga para empezar a realizar talleres y reuniones que fueran asequibles para grupos de mayores y colegios. Pronto la lavanda se les quedó corta e introdujeron otras especies como caléndula o melisa, entre otras, pero no todas aguantan en el secano. Por eso, el dinero que consiguen lo destinarán a poner riego. También viven pendientes de la estabilidad de la pasarela de acceso a la finca que arrastró la corriente del río. «Nos echan una mano desde el Parque Cultural del Río Martín con este tema», señala. Y si no se puede acceder y hay ruta de colegios, van a otro campo más pequeño. «Pensamos que desde pequeños tendrían que salir más y saber cómo se cosecha y trabaja la tierra, también hay que recordar que las mujeres eran las que se encargaban del campo», reflexiona. Por otro lado, semanalmente realiza talleres en el Balneario para personas mayores.
Dice que el proyecto está vivo pero que avanza despacio, pero es que no se dedican a ello en exclusiva. Va evolucionando según la sociedad y se van adaptando al cambio climático porque los ciclos ya no son los mismos. Anna se encarga del mantenimiento y talleres, y en las épocas duras recibe la ayuda de más mujeres del pueblo y no sólo mujeres. Ahora que hay que recoger azafrán estarán unas cuantas personas. De hecho, empezaron entre varias mujeres pero al final es ella la que tira del terreno. «A final, fue un invento familiar y mi hija y yo ahí estamos. Yo sigo para adelante, Lavandanna va a seguir existiendo», ríe. Mientras, van preparando las ferias de Navidad y ya tienen previstas algunas de la zona. Después será el momento de echar otro pensamiento serio a eso de crear sinergias con otras creadoras. Sus pasos los van mostrando también en su web y en sus redes sociales.









