Han pasado cincuenta años, cincuenta años de la muerte de Franco y, a día de hoy, se sigue escuchando que con Franco se vivía mejor.

Hace cincuenta años, la noticia de la muerte de Franco se sintió como una batalla ganada: las botellas de champán se abrían, la gente sonreía y en las casas había una alegría inmensa. Toda esta alegría se debía a algo: se debía a que venía un cambio, no se sabía si a mejor, pero se sabía que una etapa de la historia española acababa y, con ello, empezaba otra. La gente exiliada veía más próximo su regreso, la gente torturada veía más posible la libertad y todos aquellos que habían sufrido las consecuencias de la dictadura (que fueron la mayoría de españoles y españolas) sentían que algo iba a cambiar.

La muerte de Franco no supuso una democracia inmediata, ni mucho menos. La muerte de Franco supuso un proceso, un proceso de cambio. La sociedad española estaba abierta al cambio, era necesario tras tanto sufrimiento, se necesitaba inaugurar una nueva época. Fueron días de dudas, de preguntas, de imposiciones, y entre ellas llegó la de la monarquía, una monarquía impuesta por el dictador, lo que implicaba que algo del dictador seguía presente. Había cambio pero seguían habiendo sesgos de la dictadura; monarquía que, a día de hoy, mantenemos. Con ello se abrió la transición, una época de dudas, aunque también de progreso, un progreso luchado por tantos hombres y tantas mujeres. Si hoy podemos hablar de democracia es porque gente se dejó la vida para que pudiéramos vivir en libertad. Es por ello que me parece un poco irónico que hoy en día jóvenes sostengan que se vivía mejor con Franco.

No han vivido esa época, yo tampoco, pero lo que tengo claro es que con Franco no se vivía mejor, en un país en el que los idiomas como el catalán, el euskera, el gallego estaban prohibidos, en una sociedad en la que las mujeres no podían votar, en la que el colectivo LGTBI+ no estaba aceptado, sino todo lo contrario: «era una enfermedad». No creo que se viviera mejor, simplemente el hecho de que no hubiera libertad muestra que no era un país mejor.

Todo aquel y aquella que sostiene que con Franco se vivía mejor creo que se olvida de todo lo que supuso la dictadura y todas las muertes, víctimas que supuso. Creo que olvidan que los derechos que hoy tienen no los hubieran tenido en la dictadura, creo que se olvidan de la realidad de lo vivido y creo que idealizan un país que nunca existió. No creo ni considero justo que todos nuestros y nuestras mayores sufrieran tanto para que ahora, en una ola de patriotismo y de ultraderechistas, se vea alzada la figura de un dictador. El franquismo no era una democracia, era un totalitarismo, era el dominio frente a los dominados, el amo frente a los esclavos.

En resumidas cuentas, Franco murió pero algo de él quedó presente en este país. Sus sesgos marcaron toda una sociedad y todas las posteriores, aunque haya gente que se le olvide. La noticia de "Franco ha muerto" marcó un antes y un después en la historia de la sociedad española y de la democracia, es por ello que no debemos olvidarnos de esa historia. La historia existe para no repetirla, existe para que la estudiemos y sepamos lo que ocurrió. La historia es necesaria para conocer y hablar con fundamentos. Si muchos y muchas se interesaran un poco más por la historia de su «patria», lo mismo se darían cuenta de que la España que defienden era una España sucia y mala, pero bueno, algunas y algunos prefieren vivir en la ignorancia, porque desde la ignorancia es más fácil ser feliz.

Señores y señoras, Franco murió, el 20 de noviembre de 1975, es decir, han pasado cincuenta años y gracias a ello vivimos en democracia, aunque a algunas y algunos les duela.

Naiara Lorenz. Alcorisa. Correo del Lector