Cuando queda una semana para el 8 de marzo, miles de mujeres y asociaciones feministas ultiman los detalles para volver a llenar las calles de nuestro país. Estoy convencida de que todas aquellas que participamos de una u otra manera en la huelga o la manifestación, recordamos aquella jornada con una sonrisa en la boca. El sentimiento de hermanamiento que hubo entre todas, con independencia de nuestra raza, edad o ideología fue mágico. La sensación de que estábamos haciendo historia se palpaba en el ambiente.

Durante unas horas, el feminismo no se empleó como arma arrojadiza entre los partidos de unas siglas y otras, sino que se presentó como lo que es: un movimiento que lucha en aras del bien común, que no es otro que la búsqueda de una sociedad más justa, paritaria y solidaria. Parecía que incluso los políticos habían entendido el mensaje que la sociedad les estaba enviando, aunque un año después, parece que nos equivocamos.

En Ciencias Políticas se diferencia entre los temas de posicionamiento, aquellos sobre los que los partidos difieren tanto en el objetivo como los medios para lograrlo; y los temas de consenso, que podrían definirse como «asuntos de Estado», sobre los que existe, valga la redundancia, un amplio consenso. Tradicionalmente la violencia de género y, en los últimos años también el aborto, formaban parte de este segundo grupo. Todos los partidos aceptaban que la violencia de género era un problema estructural y que el aborto es un derecho.

Sin embargo, tras el último terremoto político esto ha dejado de ser así. Hay quien está poniendo en duda cuestiones que, desde hacía años, estaban fuera del debate social y ciudadano, demostrando, una vez más, que la sociedad española va un paso por delante de sus representantes. Aunque este tipo de reacciones no son nuevas. Tal y como dijo la gran Simone de Beauvoir: «No olvidéis jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados».

Para evitar que estos cuestionamientos den sus frutos es inestimable contar con el respaldo de los hombres, muchas veces relegados a un segundo plano en este ámbito. Si bien este hecho puede estar en cierta medida justificado, lo cierto es que difícilmente podrá alcanzarse un verdadero cambio si no se logra convencer a la mitad de la población de que esta lucha es tan suya como nuestra.

Así que aprovechó estas líneas para que todos los hombres que las lean se unan a nosotras el próximo viernes y demostrar que juntos, somos más fuertes.

*Analista político