Si algo nos ha hecho aprender la pandemia durante estos más de once meses es la importancia de adelantarnos a las consecuencias de la expansión del virus. Lo hemos aprendido a base de tropezar con la misma piedra sanitaria y económica de forma insistente, en cuatro olas (u ondas pandémicas) en el caso de Aragón. Ahora, cuando parece que comenzamos a superar la peor parte de la última ola de casos vinculados a las navidades se reabre el debate sobre la flexibilización de las medidas de cara a marzo y a Semana Santa. Visto lo ocurrido en las fiestas navideñas resulta evidente que se necesitan cambiar los criterios para evitar un retroceso similar que ni la sanidad ni la economía pueden soportar. Hay que analizar a fondo las causas que nos han traído hasta aquí y rectificar las decisiones que fueron erróneas. Para eso se requiere un análisis profundo con los rastreadores así como con los afectados, tratando de anticiparnos a qué realidad social nos enfrentaremos en primavera. Bien es cierto que el avance de la vacunación va a permitir evitar una situación dramática como la vivida hace meses en nuestra comunidad, donde las residencias de mayores fueron las más afectadas. Sin embargo, se ha comprobado también que las personas de entre cincuenta y sesenta años ingresan en unidades UCI en estancias muy prolongadas. De hecho hay más de 80 personas con covid en las UCIs aragonesas. Paralelamente, la campaña agrícola llegará a nuestro territorio con especial incidencia en abril y mayo a zonas del Bajo Aragón Caspe, donde la preocupación de los responsables de las empresas agrícolas es evidente. Los protocolos que se apliquen deben estar ajustados a la realidad del campo y también a la escasez de vivienda de muchos municipios. Ahora todavía hay tiempo para abordar de forma conjunta esta situación entre ayuntamientos, sindicatos agrícolas, empresas y servicios sociales comarcales, en coordinación con otras provincias de donde vienen muchos temporeros (especialmente de Lérida) Parece que la buena dirección en este sentido se ha iniciado, pero la amenaza de las nuevas variantes del virus podría complicar la situación. Anticiparse es la única forma de lograr el éxito frente a un virus cambiante, esquivo pero no impredecible, ya no.

Editorial