Cada vez que subo hasta el Parador de Alcañiz me acuerdo de todas las capas de historia que se han ido acumulando bajo ese edificio sin que apenas se noten. Antes de 1179 ya había una fortificación ahí arriba. Alfonso II la donó aquel año a la Orden de Calatrava, que fue levantando sobre ella el castillo-convento del que todavía conservamos la capilla románica y la Torre del Homenaje. Lo que hoy funciona como Parador es, sin embargo, el antiguo Palacio de los Comendadores, levantado en el siglo XVIII y habilitado como hotel en 1968.
Todo eso se construyó para dominar desde lo alto una ciudad que ha cambiado mucho desde entonces. Pero hay algo que apenas ha cambiado, y es que Alcañiz sigue necesitando que alguien mire por ella.
Leí hace unos días cómo está la Policía Local de Alcañiz y las cifras son preocupantes. De los 25 agentes que figuran en la plantilla oficial, solo 13 pueden salir a patrullar. Sobre el papel hay una plantilla, en la calle hay otra realidad, y un ayuntamiento no puede gestionar una ciudad mirando únicamente lo que dice un documento.
Los propios agentes lo explicaron en una carta abierta que transmitía más cansancio que reproche. Llevan tiempo pidiendo soluciones y, durante meses, las horas extraordinarias fueron el recurso que permitió mantener un servicio que ya estaba bajo mínimos. Cuando ese recurso se terminó por criterio presupuestario, apareció con toda su crudeza el problema que llevaba tiempo ahí, no había suficientes agentes.
No me parece razonable que la solución consista en pedir a quienes ya están dentro que sacrifiquen sus descansos, sus domingos o sus vacaciones para cubrir una falta de personal que no han provocado ellos. La solidaridad de una plantilla puede ayudar en un momento concreto, pero no puede convertirse en el sistema de organización de un servicio público.
Y menos todavía cuando el calendario avisa con suficiente antelación. Antes de MotoGP o de las fiestas patronales, los agentes pidieron sentarse a hablar y planificar. Después llegó la propuesta de cerrar el turno de noche y también se han planteado problemas con permisos y vacaciones ya concedidos. Cuando una administración tiene que recurrir al descanso de sus trabajadores para cuadrar sus turnos, el problema ya no está en los trabajadores.
Hay otro dato del que no se habla tanto y que me parece igual de grave. A principios de 2023, el propio Ayuntamiento reconocía que una parte importante de las multas de la Policía Local ni siquiera llegaba a cobrarse por falta de personal para tramitarlas. Han pasado más de tres años y seguimos hablando de falta de agentes.
Sería demasiado fácil convertir esto en una discusión entre partidos. A principios de 2023 gobernaba el PSOE, ahora gobierna el PP, y cambian las siglas pero el problema permanece. Cuando una carencia de personal se prolonga durante años y termina afectando a un servicio básico, algo se ha gestionado mal durante demasiado tiempo.
No se trata de señalar a un alcalde concreto ni de repartir culpas mirando hacia atrás. Una ciudad como Alcañiz debería ser capaz de anticipar que necesita una Policía Local suficiente, especialmente cuando tiene por delante acontecimientos como MotoGP, fiestas patronales o cualquier otra situación que multiplique las necesidades de seguridad, y no debería descubrirlo cuando los agentes ya están al límite y la única solución que queda es pedirles que trabajen más.
El castillo lleva siglos ahí arriba, viendo cambiar Alcañiz, sus gobiernos y hasta la función del propio edificio. Han cambiado los calatravos, los comendadores, los propietarios y hasta los usos de sus piedras, y la ciudad mientras tanto sigue necesitando que alguien la cuide.
Y tal vez lo más preocupante de todo sea eso, que llevemos demasiado tiempo aceptando como normal que falten agentes para hacerlo.
Jorge Herrero. Papel y pixel

