Viernes del GP de Aragón. Aún no ha amanecido en Alcañiz. Huele a cientos de cafés recién hechos, huevos revueltos, tostadas y fruta. Se escucha hablar en inglés, alemán, francés, italiano… Son las 6.30 am. y los hoteles, casas rurales y apartamentos turísticos comienzan una rutina que se saben ya muy bien tras más de una década de mundiales de motociclismo. Es una maquinaria exitosa, de calidad, trato profesional y cercano basado en lazos que se han ido construyendo durante mucho tiempo. Esta vez serán dos semanas seguidas, una suerte que llenará la economía de un sector dañado por la pandemia pero que está sabiendo encontrar oportunidades en una crisis que convierte en espacio seguro nuestro medio rural. Sin Motorland la hostelería de todo nuestro territorio sería otra cosa, muy distinta, más incierta, con menos estímulos, más cerrada, más desconocida.

Viernes del GP de Aragón. 8.45 am. Alcañiz bulle en su rutina habitual de comercio, trabajo, colegios y gestiones diarias. Ni rastro de la burbuja internacional del GP. Están en el circuito. Regresarán cuando la ciudad duerma. Probablemente será así durante 10 días. Están en modo covid. Sin contactos. Sin público. Nadie puede entrar en el circuito ajeno a la burbuja. Un positivo sería un escándalo. Es entendible. Así, como el día y la noche, las dos vidas del circuito y la ciudad saben que existen pero apenas se ven. La falta de sinergias entre estas dos islas no es nueva, pero el coronavirus está siendo la excusa perfecta para esta actitud de brazos caídos tan pandémica. Ni una rueda de prensa de presentación por parte del ejecutivo regional o Motorland, ni un gesto hacia el territorio desde el circuito. Solo deporte y retransmisiones televisadas en las que Dorna trata de hacer llegar al aficionado un calor que resulta muy complicado en la distancia.

Quienes creemos en este proyecto nos hacemos cruces de la escasa mirada audaz hacia un campeonato que supone un coste millonario para las arcas públicas, bien invertido, sí, pero cuya rentabilidad nunca será suficiente sin buscar de manera constante el compromiso y la implicación de todo el territorio. Se podrían idear decenas de iniciativas que entusiasmasen, que generasen afición, que compartiesen ilusiones. Que se haya conseguido un doble campeonato muestra la voluntad de apoyar a Motorland, sin embargo, esa labor diaria, que es más técnica que política, debe establecer una unión permanente con todo Aragón, pero especialmente con Alcañiz. ¿Cuántas veces reúne el director gerente de Motorland con el alcalde? ¿Solo en los consejos de administración? ¿Y con el presidente y resto de sus miembros? ¿Quién se reunirá con los directivos de las escuderías que vengan este fin de semana? ¿Hay negocio que trabajar para llevar a empresas a Technopark? ¿Quién recibe, atiende y trata con hospitalidad al CEO de Dorna, Carmelo Ezpeleta, que en los 70 ya corrió en el circuito urbano y siempre ha mostrado un cariño especial hacia Alcañiz? ¿Quién le plantea proyectos, ideas y sinergias de futuro al hombre que gobierna el universo internacional de las motos? ¿Qué autoridades vendrán a trabajar por el futuro del circuito a fondo estos días?

El ingente trabajo realizado hasta ahora por agentes sociales, empresas y políticos para convertir con éxito Motorland en referente internacional, en proyecto vertebrador e ilusionante, debe seguir adelante con mucha más fuerza. Y no es el covid quien ha venido a frenarlo.

Eva Defior