Eso es lo que os deseo estos días que nos quedan, que de momento no sabemos aún cuantos serán… Ánimo porque las fuerzas se van agotando a marchas forzadas.

Iniciamos hace ahora casi 15 días, el confinamiento con ganas de reír, de pasarlo bien, de compartir bromas con los vecinos, con los amigos, los grupos de wasap echaban humo de los cientos de videos, audios divertidos… y ahora, casi dos semanas después, nos encontramos desanimados, cansados y dolidos.

Esta pandemia, tan agresiva, tan cruel, está sacando lo mejor de cada uno de nosotros, pero también está mostrando la crueldad de la vida, lo efímera que es y la dureza de la enfermedad.

Días atrás lo veíamos de lejos, pero esta semana se ha acercado ya el maldito Covid-19 y nos ha dado donde más nos duele, en la perdida de personas cercanas, conocidas y con ganas de vivir.

Decía Benjamín Disraeli: «Estoy preparado para lo peor, pero espero lo mejor»
Pues eso, preparémonos para lo peor que está llegando, pero esperemos lo mejor, que será que todos recordaremos pasados unos años con nostalgia, dolor y aprendizajes lo que vivimos en este confinamiento.

Ojalá sirva realmente de aprendizaje para cada uno de nosotros. Seguro que sí, cada uno extraeremos enseñanzas diferentes de este parón en nuestras vidas. Aparte de mostrar nuevamente la generosidad y solidaridad del ser humano en su máxima potencia, este momento tendrá que enseñarnos algo mas como sociedad. Ojalá volvamos a lo colectivo y dejemos de lado el YO, ojalá volvamos al bien común frente al bien de unos pocos, y que apreciemos más los abrazos que lo material. Espero que nos cale, que se nos quede, que lo grabemos, estoy segura que nuestros hijos lo recordaran como una etapa dura pero a la vez reconfortante, y espero que en sus momentos duros, recuerden qué cosas fueron en este momento importantes y cuáles no.

Berta Zapater – PAR Alcañiz