Después de unos días angustiosos, y mirando hacia atrás para encontrar el lado bueno de las cosas, se ha puesto de manifiesto el valor de lo rural, en cuanto a la colaboración ciudadana y en contraposición a los colapsos en la gran urbe, mediáticamente centrado únicamente en Madrid. No estamos acostumbrados a la nieve en zonas como la mía, a 250 metros de altitud, y, si la que cae es histórica, el jaleo que se monta es gigantesco. No sabemos circular, ni andar por la calle, ni cuando se echa la sal, ni como, ni cuando se ponen las cadenas.

Aún sigue vigente en mi pueblo el grupo de whattsapp de los voluntarios para las desinfecciones Covid; llevan 10 meses pringando y siguen con la misma predisposición, empuje y buena cara del principio. Con las noticias previas a la llegada de Filomena, algunos ya iban haciendo planes de limpieza de nieve los días anteriores. Yo no lo veía tan claro, pero acabó superando las expectativas y sirvió para poner a prueba el valor del altruismo de los pueblos y ese corazón que palpita en nuestras localidades y por el que nos seguimos sintiendo comunidad y una gran familia.

Agricultores, ganaderos, constructores, empresarios, particulares, empleados municipales y el vecindario en general emprendieron una lucha espectacular, ejemplar y masiva contra la Tía Filomena, de una manera tan comprometida y seria que emocionaba, consiguiendo devolver una situación casi normal a nuestras calles en tiempo record.

Agradezco la predisposición de la Comarca del Bajo Martín con la disponibilidad de sal, el apoyo de Diputación Provincial y Gobierno de Aragón en la medida de lo que pudieron, pero desde aquí va mi reconocimiento a tantos y tantos voluntarios poblanos que dieron una vez más el callo por los suyos. Esos gestos que hacen grande a un pueblo, esos gestos que siempre ofrece el amable y humano mundo rural.

Pedro Bello – GANAR La Puebla de Híjar