Desde hoy solo pueden moverse los aragoneses del medio rural entre los pueblos de la propia comunidad. No se puede entrar ni salir de Aragón salvo causas justificadas y las tres capitales regionales siguen confinadas. La medida, previa a un largo puente festivo por Todos los Santos, supone un duro golpe al sector económico más dañado por las restricciones que entraron en vigor ayer. Al confinamiento regional, se unen la entrada en el nivel 3 de alerta y el estado de alarma con toque de queda nacional. El plan de rescate para el sector de la hostelería anunciado ayer por el presidente de Aragón es clave para aportar certidumbre a un sector que se ve abocado a un cierre sin fecha de caducidad por ahora. El hecho de que nos podamos mover dentro de nuestro Aragón rural debe motivarnos a realizar todo el apoyo que podamos a quienes mantienen las empresas del territorio abiertas, pero siempre siendo conscientes de las estrictas medidas a tomar y evitando cualquier riesgo que puede suponer el contagio de otras personas. Las cifras disparadas de casos covid a nivel regional justifican con creces el control establecido. Si los pueblos de nuestro entorno se mantienen cumpliendo las medidas, evitaremos un confinamiento mayor y que ya está encima de la mesa, pudiendo afectar a todos los municipios de más de 10.000 habitantes.

En este territorio hemos visto cuánta dificultad tuvieron zonas de salud como la de Caspe o Andorra para controlar las cifras, por lo tanto podemos deducir sin mucho errar que el control del actual pico de contagios se prologará varias semanas. El objetivo debería ser poder llegar al mes de diciembre y a las navidades con unas cifras relativamente controladas que permitan a nuestra sociedad vivir unos días sin tener que decretar la traumática decisión de paralizar la economía esos días y forzar que las familias estén separadas. Reflexionemos seriamente al respecto; evitemos las reuniones sociales, usemos la mascarilla, ventilemos nuestros espacios comunes de forma constante pese al frío, mantengamos las distancias y limpiemos nuestras manos las veces que sea necesario. La mayoría lo hace, aunque paguen justos por pecadores. Nuestros pueblos, ahora relativamente seguros, son los más vulnerables, por nuestro tipo de población y por la escasez de medios sanitarios. No lo olviden, nos enfrentamos a una situación grave. La salud y un futuro con relativa libertad para todos está en serio riesgo.

Editorial