Quienes de entre los lectores hayan estudiado ciencias, o simplemente hayan tenido la curiosidad de contemplar obras divulgativas sobre el cosmos,  sabrán de una propiedad fundamental de la materia, señalada ya en el siglo XVII por Sir Isaac Newton; que no es otra que la fuerza gravitatoria que surge entre masas, la cual hace que unas se atraigan a otras con una intensidad proporcional a esta, y a su cercanía.

Del mismo modo que nuestro planeta atraía aquella manzana -la cual  según cuentan detonó la teoría de Sir Newton-; los agujeros negros del centro de las galaxias atraen a astros de menor masa hacia su centro, y a su vez esos astros atraen a objetos celestes de sus cercanías; tales como las estrellas a los planetas,  los planetas a las lunas…

y así sucesivamente según su masa; resultando asimilable a cualquier escala de la materia.

Pues bien; de igual manera podemos extrapolar esta constante universal a nuestra sociedad, visualizando este símil en el fenómeno de la concentración de la población, en torno a núcleos urbanos cada vez más grandes, los cuales fagocitan a los pequeños.  Y así, mediante esta atracción fatal, vemos como nuestra capital autonómica, cada vez concentra mayor población, presupuesto, y servicios; engullendo incluso a servidores públicos de todo ámbito, quienes habiendo prestado servicio en los pueblos, acaban en la gran urbe.

Constatamos este fenómeno todos los días a través de  noticias o redes sociales, alarmados ante las carencias de servicios públicos esenciales. Sirvan de ejemplo las actuales dificultades del servicio  de extinción de incendios de la DPZ, sin efectivos suficientes para intervenir en varios lugares a la vez, y obligando al cuerpo de Bombero del Ayuntamiento de Zaragoza a salir en su auxilio; aunque cabe preguntarse qué ocurriría ante varias emergencias simultáneas cercanas a límites provinciales (a más de 150 Km de Zaragoza), cuando solo se encuentren dos bomberos operativos en un parque rural de la DPZ cercano a los siniestros. Mientras tanto en Zaragoza capital, siempre hay medios suficientes para cubrir todos los avisos que puedan surgir, con indicativos formados por más del doble de componentes, y personal sanitario añadido.

En el mismo sentido parece encontrarse la Seguridad Ciudadana, dado que muchas noticias refieren una preocupante carencia en el ámbito rural,  mientras las capitales se encuentran blindadas por grandes dotaciones policiales. Quedando nuestras poblaciones como lugar de paso para muchos policías que abandonan nuestros pueblos a la menor oportunidad, incluso durante el primer año de servicio, como en el caso de los policías locales de Caspe;  tras haber sido costeada formación y equipamientos por parte del consistorio.

También se sufren las precariedades de otros servicios como el sanitario,  con cada vez menos facultativos, técnicos, y ambulancias.  De modo si se producen varias emergencias seguidas, y está ocupada la única ambulancia, puede darse fatales consecuencias.

Todas estas carencias en servicios de emergencia esenciales, hacen de los habitantes rurales “ciudadanos de  segunda” respecto a los de ciudad. Y por ello cabe preguntarse, si es que vale menos la vida de un habitante rural, por no llegar tiempo una ambulancia que estaba en otro auxilio; o si acaso tienen menos valor sus propiedades, en caso de que éstas se incendien o sean asaltadas.

Ya sabemos que la población -como la materia en el espacio-,  acaba atraída hacia núcleos más grandes, pero debemos revertir esta situación tomando ejemplo de la naturaleza misma. De modo que, igual que se concentra la población en las ciudades, podemos agrupar servicios en torno a los pueblos para hacerlos más eficientes, reteniendo a los servidores de estos cuerpos mediante incentivos; de modo que los habitantes de la denominada “España vaciada” no sufran está precariedad. Solo así seremos capaces de paliar esta inevitable atracción gravitatoria; reteniendo a la población rural a través de unos servicios públicos óptimos.

En este sentido, nuestro grupo presentará proyectos de agrupaciones de servicios, como dique frente a la despoblación; y exigiremos medidas urgentes para optimizar la eficiencia de estos servicios. Todo ello para que nuestros vecinos y contribuyentes, dejen de sentirse de una vez por todas, ciudadanos de segunda.

Cristian Poblador – CIUDADANOS Caspe