La primera vez que escuché Merichane de Zahara no paré de llorar en los siguientes 20 minutos. Acurrucada en el confesionario contemporáneo, que es la cama, asimilé cada palabra del ‘Et ego te absolvo’, como si una especie de sacerdote musical transformara mis «pecados» en algún material líquido. Cuatro minutos de canción y cuatro minutos de un intenso ejercicio de liberación personal, tan necesaria desde hace tanto tiempo. Puede que resulte egoísta que, a veces, necesitemos identificarnos con el dolor de otra persona para auto confortarnos. Pero así funciona el ser humano, lo cortés no quita lo valiente.

«Yo estaba ahí, dejándome hacer con tal de que acabase de una vez» «Yo estaba de rodillas pidiendo perdón a vuestro Dios por no saber decirle que no» «Yo estaba ahí metiéndome los dedos hasta el fondo, queriendo vomitar las penas, la vida, el odio» Son sólo algunas de los testimonios desgarradores que componen el nuevo tema de la artista; en el que por desgracia muchas personas se pueden ver reflejadas. Muchas veces son situaciones cotidianas, que se normalizan, que nosotras normalizamos fingiendo que no es tan grave o tan importante. Hasta que lo es. Hasta que estos abusos se van acumulando y generan un sentimiento de culpabilidad cada vez mayor que acaba estallando repentinamente y salpicándolo todo como una bomba repleta de inseguridades.

Convivir con una violación es un trauma de por vida. Por eso, parece mejor opción autoengañarse y no decir que no a una relación sexual que tú realmente no querías mantener. Queriendo salir de ahí, pero sin saber cómo por el miedo a sufrir abusos. Es mejor esperar a que la otra persona termine y minar tu autoestima que convivir con el trauma de la violación. Pero llega un momento en el que esas sensaciones se van acumulando: la culpa por no haber sido lo suficientemente valiente, el sentimiento de ser tratada como un mero objeto sexual, el no sentirte arropada por tu entorno al contar tus experiencias porque tú eres una mujer independiente y deberías ser capaz de tomar tus propias decisiones y responsabilizarte de quedarte ahí, en esa cama; de la que todavía sigues sin saber cómo salir.

Podría utilizar el manido argumento de que todo es culpa de la sociedad; aunque es cierto que tiene buena parte de responsabilidad. Es cierto que también nosotras somos responsables. Pero no creo que se deba asumir este concepto de forma negativa, asociándolo a la culpabilidad. No beneficia a nadie. Por eso defiendo testimonios como estos que gritan: soy una mujer fuerte y valiente aunque en muchos momentos de mi vida no haya podido decir que no.

Lucía Peralta