Dice el cantar popular: «Goza del sol mientras dure/siempre no ha de ser verano/aprovecha la ocasión/ que la tienes en la mano». La oda «Carpe diem» del poeta latino Quinto Horacio Flaco, se puede traducir por «Goza del día presente y olvídate de los problemas existentes», termina siendo el paradigma dominante de nuestra sociedad consumista que se defiende de que alguien o algo les estropee sus «derechos» a la diversión, la libertad personal para hacer lo que gusten y su rechazo a todo tipo de limitación; «Carpe diem» dicen los centenares de miles de personas que salen de las grandes ciudades y se reparten por los pueblos en busca de «vida sana» y ausencia de vigilancia pública; «carpe diem» dicen los negacionistas, cuyo santo patrón Trump, sigue asegurando que el virus pandémico es una simple gripe, aunque los muertos habidos ya podrían superar en número a los que el país tuvo en las dos últimas guerras mundiales; «carpe diem» dicen millones de madrileños enrocados tras la señora Ayuso en un duelo con el Gobierno, sorprendentemente parecido al de los independentistas catalanes, en su falta de lógica y exceso de «ideología»; «carpe diem», dicen los políticos en su «ir a lo suyo» mientras el país se desmorona económicamente y la ola de contagios crece; «carpe diem» dicen en la Moncloa mientras ven el desconcierto sanitario que se expande, por la tibieza en las medidas, la falta de cooperación en la población y el desconcierto científico; «carpe diem» aseguran populistas y liberalistas extremos, mientras se polariza toda la sociedad civil y se evoca un «guerracivilismo» que debería ya estar enterrado hace décadas; «carpe diem» susurran en los medios y en la trinchera paralela de lo digital, mientras unos pocos lúcidos avisan de que en el mundo estamos rebasando todos los límites en barbarie, violencia y desconcierto; «carpe diem» nos lamentamos, viendo la deriva irracional que está teniendo la humanidad hacia el autoritarismo belicista. Todo está justificado a cambio de que nos dejen hacer lo que queremos y así será hasta que nos pongan las cadenas. Carpe diem.

Alberto Díaz Rueda – Escritor y periodista