Cierra los ojos e imagina una escuela de valores, pionera, vanguardista, con una arquitectura única y llamativa, con grandes espacios, todo lleno de colores, donde la imaginación se transformó en todo un estilo de arte, un lugar donde los niños creen que los sueños son posibles. Ahora ábrelos y deja de imaginar esa escuela, porque la puedes ver, existe y existe desde hace casi cuarenta años en Andorra, se llama Gloria Fuertes.

Desconozco cómo ha sido la gran aventura de la educación especial en España, pero dudo mucho que en 1982, que es cuando se inauguró el centro, hubiera algo parecido en toda España. Del Gloria Fuertes podemos decir que es mágico hasta el nombre que eligieron, pues pocos valores se pueden sintetizar más en un nombre, que en el de la fabulosa poeta madrileña.
De la trayectoria y ascendencia del centro, hablan por sí solas la cantidad de premios, condecoraciones y reconocimientos recibidos y si no fueran modestos, los conoceríamos mucho más, pero en el Gloria Fuertes han trabajado bien y han trabajado con humildad desde siempre.
Invito a los lectores a investigar por si mismos lo que se dice de este centro desde todos los puntos de vista, para que se percaten que estamos ante un coloso de la educación especial, para el que se quedan cortos los apelativos por muy buenos que estos sean.

La metodología que han utilizado en el centro ha sido motivo de estudio por parte de otros centros (ojo al dato, escuela de escuelas) han sido y son vanguardistas, experiencias como los patios integrados, donde sus alumnos comparten espacio de juegos con los alumnos del vecino CEIP Juan Ramón Alegre, para que todos entendamos que lo importante no es que todos seamos iguales, si no que todos podamos compartir y convivir en este mundo.

¿Sabéis que hay muchos de los alumnos de ese centro que están más viajados que Willy Fog? ¿O que el arte en todas sus expresiones ha generado obras que puedes reconocer para toda la vida con verlas solo una vez? ¿Que ha venido gente desde muy lejos para estudiar este ejemplo vivo?
Estoy seguro de que se trata de un centro en el que el alumno enseña todavía más que el maestro y mira que por ahí, han estado o están algunos de los mejores en lo suyo. El espíritu que ha envuelto siempre este centro lo ha convertido en algo diferente, es un colegio que practica el humanismo en mayúsculas.

Y sé que sonará a locura, ¿pero acaso no se podría declarar un centro de este tipo, patrimonio de la humanidad? Lo sugiero, pues cumple más requisitos que la mitad de las cosas del mundo que lo son y algo habría que hacer para garantizar que esta obra humana perdure en la siguientes generaciones, más en estos tiempos locos que vivimos donde las prácticas que hacen grandes a la humanidad tienen tan poca visibilidad y aquí estamos hablando de un lugar donde nace un mundo mejor a cada instante.

Víctor Puch