En el corazón de España, en Madrid, el 31 marzo del 2019, las calles se tiñeron de esperanza y sonó el clamor por un futuro más justo para nuestros pueblos. La Revuelta de la España vaciada, movimiento vibrante y lleno de vida, convocó a miles de almas desde cada rincón de un país diverso, unidos por las graves consecuencias de la despoblación. Con cada paso sobre el asfalto, con cada voz que resonaba entre los edificios de la capital, se tejía un himno de resistencia y reivindicación. No fue solo una marcha; fue el despertar de la conciencia colectiva sobre una realidad largamente ignorada.

De Teruel a Soria, de Extremadura a La Rioja, personas de todas las edades y condición se unieron con una misma voz. Agricultores, operarios, sanitarios, conductores, cuidadores, ingenieros, periodistas, maestros… jóvenes y mayores, todos compartían un sueño: revitalizar el pulso de los pueblos, reivindicar la igualdad de derechos y oportunidades para el mundo rural. «Existimos y resistimos», decían, mientras sus palabras buscaban calar en las políticas de un país que hasta ahora los había olvidado.

La Revuelta de la España vaciada no solo puso el foco en la despoblación sino que sembró la semilla de un cambio, de un renacer del orgullo rural, de una conciencia por la necesidad de un pacto social y político.

Cinco años después, el eco de aquellas voces sigue resonando, impulsando concentraciones, reclamando acciones, y soñando con un Día Europeo de Lucha contra la Despoblación. Su mensaje es claro: el futuro de España se construye en cada rincón de su geografía, no solo en las grandes urbes y todos los territorios tienen derecho al desarrollo.

La grandeza de este movimiento radica en su capacidad para unir diferencias, en su firme creencia en la igualdad y en el poder de la reivindicación de la gente. La Revuelta ha logrado mucho más que visibilidad; ha redefinido el paradigma de la despoblación como un desafío que hay que afrontar. En su lucha, nos recuerdan que la esperanza se cultiva en conjunto y que el futuro de España se escribe con la tinta de todos sus vecinos, tambien los que somos pocos y vivimos en esos pueblecitos pequeños.

Alberto Carmona. Teruel Existe / La Codoñera