Aunque estemos ante un escenario nuevo y el alto número de contagios en las últimas semanas sea preocupante, es necesario dar un golpe encima de la mesa a favor del sector. Es cierto que la indignación entre las familias y los colegios está justificada porque a pocos días de empezar el curso no se había establecido un protocolo claro y unificado para todos los centros educativos, siendo estos mismos los que han tenido que organizar un inicio escolar más que complejo.
Nadie mejor que la junta directiva de un centro para conocer sus necesidades, pero se les debería haber facilitado un asesor sanitario que analizara qué hacer si se da un caso de covid en las aulas. Aunque podría ser inviable económicamente e incluso organizativamente, tal vez en este nuevo período se debería añadir un sanitario a las plantillas de Infantil y Primaria, ya que los síntomas del coronavirus pueden confundirse con un resfriado común o con la fiebre derivada de la salida de una muela, por ejemplo.

Hay muchas incógnitas sobre el futuro. A las de los centros de los pueblos se añaden las de los CRAs, los centros rurales agrupados, pues no hay posibilidad de crear grupos ‘grupos burbuja’. Una de las instituciones pioneras e innovadoras en Aragón podría ver peligrar su futuro por causa del virus. Y, aunque la situación sea más que compleja, no podemos renunciar a ninguno de los servicios del medio rural, y menos en un derecho universal como es la educación.