Los peores pronósticos se van cumpliendo y, ante el avance rápido y sin freno del coronavirus en Alcañiz, se ha decidido ya volver a medicalizar la residencia Hogar Santo Ángel de la capital bajoaragonesa, donde hoy mismo se derivará a los primeros pacientes no covid; es decir, personas que necesitan asistencia hospitalaria por otros motivos. El objetivo es aliviar la presión hospitalaria que, por tercera vez durante la pandemia, evidencia la ausencia de un centro acorde a las necesidades del territorio, sin Unidad de Cuidados Intensivos ni espacio suficiente para habilitar zonas específicas.

Pero esta reivindicación, que sigue estando y no hay que olvidar, no ha de empañar la principal de las razones por las que se ha llegado a este punto en la ciudad. A la irresponsabilidad ciudadana de acudir a fiestas y celebrar encuentros navideños en establecimientos y casas particulares sin cumplir con las medidas de seguridad establecidas se suman ahora los vecinos que no hacen caso a los protocolos e indicaciones sanitarias. La dirección de Atención Primaria del Sector ha denunciado esta semana que hay positivos y personas confinadas que salen a la calle y que los contagiados no aportan a los rastreadores sus contactos directos. Apelan por enésima vez a una conciencia cívica que no se aplica. El centro de salud está ahora más desbordado que nunca, con la realización de decenas de PCR cada día y la notificación de decenas de positivos. Desde el lunes hasta ayer se registraron 90 contagios, y en la última semana se han notificado 263.
En el Hospital de Alcañiz la media de edad de los ingresos ha descendido considerablemente y se está a la espera de que la expansión afecte en mayor o menor medida a las personas de más edad. Son los mayores los más vulnerables a una enfermedad que se salda ya con 2.856 muertes en Aragón desde que comenzó la pandemia.

Pero la semana también termina con un dato positivo, el de los más de 300 ancianos y trabajadores de ocho residencias del territorio que ya han recibido las dos dosis de Pfizer y que, por tanto, restan los días que quedan para ser inmunes a la enfermedad, unos 15 días para que la vacuna alcance el nivel de efectividad esperado.

Por ello, cabe ser más responsables que nunca. Todavía hay muchos mayores que no están vacunados; padres y abuelos que conviven cada día con sus hijos y nietos en nuestros pueblos. Protegerles a ellos es nuestra responsabilidad como ciudadanos responsables y comprometidos con la sociedad. Está en nuestra mano revertir esta crítica situación y sólo lo haremos restringiendo al máximo nuestros contactos sociales y cumpliendo a rajatabla las medidas que nos marcan las autoridades sanitarias.

Editorial