La norma que rige a cualquier inversor, es que intentamos racionalizar nuestras perdidas. Dicho de otra manera, siempre buscamos un motivo al cual echarle la culpa de una decisión que desde un principio fue tomada por nosotros mismos.

Tanto el comprar, como el vender e incluso el mantener, son decisiones que tomamos nosotros bajo nuestro criterio en un momento puntual del mercado y con en unas expectativas de este que pueden, o no cumplirse. Cada día se acontecen numerosas noticias que ayudan o impiden que esos escenarios por los que apostamos se vayan cumpliendo o se conviertan en auténticas fantasías en el corto plazo.

Todo tema económico y social acaba afectando a los mercados, por ende a nuestras inversiones y por ende a la idea inicial con la que iniciamos nuestra inversión. El mercado puede de repente cambiar de dirección en cualquier momento y sin previo aviso. Cualquier ganancia se puede tornar en pérdida y viceversa.

En estos momentos inciertos solemos buscar un culpable externo, al que atribuir nuestra situación, con el fin último de quitarnos la culpa. Y es que siempre resulta más cómodo el encontrar un culpable a nuestra situación. En psicología es un proceso muy racional y muy común. Es un mecanismo que tiene la mente para su propia protección y subsistencia. El meollo de esta situación es que este paradigma no resuelve el problema, ni nos ayuda como inversores a obtener unos buenos resultados.

Lo primero que debemos de concienciarnos es que en estos momentos, el quedarse de brazos cruzados esperando que las cosas se solucione por si solas, no suele ser la mejor idea. Concienciarnos de que las pérdidas son un elemento inherente a la operativa bursátil. No hay ningún sistema de inversión que tenga un 100% de aciertos y 0% de riesgo. Hacer hincapié de que las pérdidas no vienen de fuera. Y sobre todo, no esperar a que nos diga el mundo exterior que nuestra decisión fue errónea, sino intentar que sea nuestro propio plan de inversión el que intente anticiparse a estos movimientos.

Tenemos que intentar aislarnos de las miles de noticias que estamos recibiendo y que vamos a recibir. Trazar un plan para nuestras inversiones, basado, si o si en toma de decisiones y evitar dejar nuestras inversiones a merced de los mercados. Nuestra única guía debe de ser nuestra situación actual y la situación en la que queremos estar en un plazo determinado. Para llegar allí, no hay otra manera que seguir el plan y reescribirlo tantas veces como sea necesario, conforme avancen los acontecimientos.

Raúl Cirugeda Conejos – Caja Rural de Teruel