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Del salón en el ángulo oscuro, así como en la rima de Bécquer, podríamos comenzar la definición de la situación política actual a todos los niveles. Y digo a todos los niveles porque en función de lo que crea la penumbra, así es el ángulo oscuro, y en todas las instituciones, más agudos o más obtusos, existen ángulos oscuros.

Aún siendo conscientes del hastío que producimos en la ciudadanía, que nos demanda capacidad para llegar a acuerdos por el interés general, y digo por el interés general, insistimos en viejas fórmulas de manual de política apolillado que convierte a los políticos de la nueva política en los mismos perros con un collar más reluciente, y a los de siempre, pues eso, en los de siempre.

Churchill, un político inspirador, dijo que el político que empieza a pensar en las próximas generaciones, en vez de en las próximas elecciones se convierte en un estadista. Este planteamiento que a priori puede parecer desafortunado, tiene sentido puesto en boca que aquella clase política que tenía sentido y responsabilidad de Estado, ya que se articulaban entre todos los mecanismos necesarios para garantizar una estabilidad social y económica en el panorama político nacional, y después de consolidar los cimientos, cada uno construía a su manera. En la España de la transición fueron los Pactos de la Moncloa.

Los hombres de Estado han dejado paso a los hombres de partido, y éstos, faltos de la capacidad de los anteriores, sólo son capaces de ponerse de acuerdo en cuanto y quien y no en qué. Esto pasa en todos los partidos, no nos libramos ninguno.

Esta confusión en la prioridad de la fidelidades está propiciada por una corta amplitud de miras y por una falta de responsabilidad y de vocación política, y es alimentada por el que dirige premiando más al palmero que al crítico, ignorando en vez de escuchando e imponiendo en vez de acordando. Eso también pasa en todos los partidos.

Hoy nos enfrentamos a nuevos problemas y atajarlos debería ser la prioridad para todos. Ahora es el momento de demostrar que somos capaces de llegar a acuerdos en matería de despoblación, de educación, de sanidad, de empleo y de economía, en definitiva, es el momento de ser capaces de hacer algo superior a nosotros y establecer unos nuevos Pactos de la Moncloa, o de la Aljafería, cada cual donde corresponda. Es el momento de los políticos de raza y no de los tecnócratas.