Ante el desconcierto creado por el Ministerio de Transición Ecológica de gravar aún más el diésel, los ciudadanos sienten en este momento una gran preocupación e incertidumbre a la hora de elegir por un vehículo de gasóleo o uno de gasolina. Tienen la sensación de que el diésel contamina más que la gasolina y hay que decirles claramente que no es así, pese a los intentos del Gobierno socialista de demonizar este combustible.

La constante innovación tecnológica del sector ha ayudado a disminuir las emisiones de óxidos de nitrógeno y partículas. Los catalizadores, la mejora aerodinámica y los sistemas de propulsión, entre otros, también han contribuido notablemente a asimilar los motores diésel con los gasolina en cuanto a emisiones se refiere. Los usuarios del vehículos de gasóleo no tendrán ningún problema para usarlos porque los criterios en las políticas de movilidad se basan en la antigüedad del citado vehículo.

El mantenimiento del diésel para la industria española es muy relevante porque en nuestro país se fabrican vehículos de este tipo por un valor de 25 millones de euros. En cuestión de empleo, suponen 100.000 puestos de trabajo, de los que el 40% están directamente involucrados con la fabricación de vehículos diésel, y en la actualidad se producen en nuestro país más de un millón de coches al año.

Estas importantes consideraciones fueron conocidas en la comparecencia del presidente de la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones (ANFAC), Mario Armero, en el Senado. Allí mostró su preocupación por el revuelo social generado por el Ministerio de Transición Ecológica, que está mostrando una actitud irresponsable y muy poco acertada.

Una manera de comportarse conocida ya en nuestra provincia con sus constantes manifestaciones contra el carbón. Tanto el Gobierno como la ministra Teresa Ribera deberían recordar que la senda española hacia la descarbonización debe ser ordenada con prudencia y moderación, no de manera brusca y poniendo en peligro el empleo de nuestros pueblos. Así se hizo en el pasado y así debería ser en el futuro. No debemos ser los paganos mundiales de la descarbonización del planeta.