El Buen vivir se define como vida plena e implica la armonía interior de las personas con la comunidad y con la naturaleza. Es decir, para vivir bien se requiere que el ser humano esté en equilibrio consigo mismo, con otros seres humanos y con la naturaleza.

En un contexto mundial de gran preocupación por la sostenibilidad del planeta, amenazada fundamentalmente por el calentamiento global, Ecuador es el primer país que incorpora en su Constitución del 2008 el derecho al Buen vivir, o Sumak Kawsay (neologismo quechua), inspirándose en la cosmovisión de los pueblos indígenas.

Otro concepto hermano que nos es más familiar es el del Desarrollo sostenible, que aparece por primera vez en 1987 en el Informe Brundtland. El desarrollo sostenible es aquel que satisface las necesidades presentes sin comprometer la posibilidad de que las generaciones futuras puedan satisfacer las suyas. Tiene una clara intención de poner límites al crecimiento, al despilfarro de recursos y a la contaminación ambiental ya que el desarrollo económico actual supera los límites ecológicos de la naturaleza. A día de hoy, necesitamos 1,7 planetas para dar respuesta a nuestras necesidades, lo cual limita claramente las posibilidades de las generaciones presentes y futuras.
Los conceptos del Buen vivir y el Desarrollo sostenible enmarcan un nuevo paradigma no solo para la economía, sino también para las relaciones sociales y para con la naturaleza.

Las personas y las comunidades gozan de derechos y ejercen sus responsabilidades en un marco de convivencia armónica. La convivencia armónica comprende la interculturalidad, el respeto a las diversidades y el respeto a la dignidad.

La vida armónica con la naturaleza implica la garantía de sus derechos. Por un lado, el derecho a que se respete su existencia y el mantenimiento y regeneración de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos. Y, por otro lado, el derecho a la restauración en caso de haber sido afectada. El derecho a la naturaleza significa que las personas puedan vivir en un entorno saludable con tierra, agua y aire de calidad y tengan acceso a un paisaje armónico y natural, no modificado y no contaminado.

Los entornos rurales tienen una gran oportunidad para aplicar, si les dejan, los principios del Buen vivir y del Desarrollo sostenible por varios motivos: son guardianes de la naturaleza porque viven en ella y llevan generaciones entendiendo sus ciclos; son herederos de relaciones sociales de convivencia y ayuda mutua; y son los gestores del territorio porque viven de ella, bien sea del cultivo de tierras, para la cría de animales o para el disfrute de los visitantes.

Y de la misma forma que tienen la oportunidad, tienen la responsabilidad de gestionar ese recurso tierra de la mejor forma posible para el goce de todos los que viven en ella y de todos los que están por llegar: futuras generaciones de hijas y nietos.

La economía vuelve a ser un instrumento que sirve para mejorar la calidad de vida, los derechos de las personas, los derechos colectivos y los derechos de y a la naturaleza. Más allá de la economía de mercado competitiva y monetaria que nos induce a querer siempre más y pensar que más es mejor.

Evelyn Celma – Miembro de la Asociación Gent del Matarranya. Empresaria. Peñarroya de Tastavins