El eclipse que este miércoles convirtió al Bajo Aragón Histórico en un gran mirador hacia el universo ha demostrado que nuestro territorio posee capacidad para atraer visitantes internacionales alrededor de un recurso que siempre estuvo aquí, el cielo, unido a un paisaje singular, un patrimonio excepcional y una forma propia de habitar el medio rural.
La presencia de miles de personas en Motorland, de visitantes llegados desde Francia, Alemania, Estados Unidos o incluso Hong Kong, y la concentración de aficionados en enclaves como La Fresneda, Estercuel, Alcañiz o Chiprana ofrecen un balance claramente positivo. También lo hace que una jornada extraordinariamente compleja desde el punto de vista de la movilidad y la seguridad transcurriera sin incidencias relevantes.
Pero el verdadero éxito comenzará ahora, cuando ya no haya eclipse. Durante unas horas conseguimos que personas de medio mundo descubrieran dónde estamos. El desafío consiste en conseguir que recuerden por qué merece la pena regresar.
El eclipse debe ser entendido como la puerta de entrada internacional a una estrategia permanente vinculada a los cielos oscuros, al astroturismo y a los proyectos Starlight. Tenemos condiciones naturales difíciles de fabricar y, precisamente por ello, debemos protegerlas.
La calidad del cielo nocturno puede convertirse en un recurso de desarrollo rural si se acompaña de planificación, formación empresarial, divulgación científica y una política responsable frente a la contaminación lumínica.
A ello debemos sumar el paisaje. Los miradores naturales, las ermitas, los castillos, los espacios esteparios, las sierras, los pueblos y el patrimonio industrial o histórico adquirieron durante el eclipse una dimensión nueva. No eran únicamente lugares desde los que mirar al Sol, sino parte de la experiencia.
Esa combinación entre astronomía, paisaje, cultura, gastronomía y patrimonio constituye nuestra verdadera ventaja competitiva.
El éxito de estos días debería servir para identificar enclaves y posicionarnos ante futuros acontecimientos astronómicos. El eclipse duró apenas unos minutos. Su legado, si sabemos aprovecharlo, puede prolongarse durante décadas vinculado al desarrollo Starlight como nicho turístico, tal y como se ha realizado ya en algunas de nuestras comarcas.
Editorial

