Los incendios de las últimas semanas han dejado una advertencia que ninguna administración puede ignorar. Cuevas de Cañart, Ejulve, Peñarroya de Tastavins y La Cerollera han comprobado hasta qué punto nuestros pueblos son vulnerables ante un fuego cada vez más rápido, violento e imprevisible. En Cuevas, 175 personas tuvieron que abandonar sus casas y el incendio quedó a solo dos kilómetros del casco urbano. En Peñarroya, las llamas comenzaron a 500 metros del pueblo. La Cerollera se salvó gracias al cambio del viento, la intervención de los medios y la movilización vecinal.
No podemos seguir confiando en la suerte. El Matarraña, el Maestrazgo y el Mezquín necesitan un plan urgente de inversión forestal adaptado a cada municipio. No bastan las actuaciones puntuales ni las ayudas posteriores al desastre. Es imprescindible financiar durante todo el año la limpieza de montes, el mantenimiento de pistas, la creación de cortafuegos, la recuperación de campos abandonados y el desbroce de franjas de seguridad alrededor de pueblos, masías, explotaciones ganaderas, carreteras, líneas eléctricas y captaciones de agua.
La ganadería extensiva debe formar parte de esta estrategia. Ovejas, cabras y vacas pueden reducir de manera natural la carga vegetal, mantener espacios abiertos y contribuir a crear paisajes más resistentes al fuego. Para ello hacen falta ayudas estables, menos trabas administrativas y acuerdos entre ayuntamientos, propietarios y ganaderos.
También deben elaborarse mapas detallados de riesgo grave que identifiquen las zonas donde un incendio podría bloquear carreteras, dejar núcleos incomunicados o afectar al abastecimiento de agua. Cada pueblo necesita un protocolo de evacuación conocido por los vecinos, con rutas alternativas, puntos de reunión, transporte para mayores y dependientes, alojamientos previstos y simulacros periódicos.
Lo ocurrido en Cuevas de Cañart demuestra, además, que un sistema de alerta dependiente únicamente de la cobertura móvil es insuficiente. Sirenas, megafonía, emisoras, equipos satelitales y redes de comunicación alternativas deben garantizar que ningún vecino quede sin aviso.
La solidaridad de agricultores, voluntarios, bomberos y municipios de acogida ha sido ejemplar, pero no puede sustituir a la planificación pública. Prevenir cuesta dinero; reconstruir pueblos, montes y economías locales cuesta mucho más. Las administraciones deben actuar antes del próxim
Editorial.


Es tan sencillo como poner a trabajar a las 21 cuadrillas forestales que hay en Teruel en trabajos como:
1. mantenimiento de cortafuegos.
2. Mejora de caminos y desbroce de márgenes de esos mismos caminos.
3. Desbroce con quemas controladas de barrancos y zonas periféricas de poblaciones.
4. Desbroce de líneas eléctricas y transformadores. (aparte de lo que hagan las compañías eléctricas)
5. Mantenimiento de hidrantes y balsas de agua.
6. Retirar arbolado de las ramblas de ríos y barrancos.
7. Establecer perímetros concretos en la superficie arbolada que sacrifiquen unas superficies para salvar el conjunto.
8. Crear en todos los municipios brigadas de voluntarios.
9. Establecer retenes de guardia según calendarios de siega y por zonas.
10. Dotar a los Ayuntamientos de equipamiento básico para voluntarios.
11. Comprobación anual de las franjas de protección de granjas, masías. hoteles, camping, viviendas, etc.
Poner en marcha en todos los municipios asociaciones de propietarios forestales para contratar el corte de pinos.
Y todo eso no cuesta un duro porque los medios ya los tenemos, solo falta ponerlos a trabajar.
👍 la mayoría de los políticos no tienen tantas buenas ideas de organización de los trabajos